Uno de los juegos de la Realidad Virtual a los que más horas le he echado es fácilmente OhShape. Los juegos musicales me apasionan, y en VR todo el tema de movernos físicamente al ritmo de la música, junto con el auge del género, me ha atrapado de una forma espectacular. Desde el lanzamiento de la versión de Oculus Quest a principios de este año, OhShape se ha vuelto una pequeña obsesión, para así disfrutar de un juego de baile con coreografías fantásticas, hacer ejercicio sin tener que salir de casa (algo importante con la cuarentena) y descubrir nuevos temas que ya tengo en la lista de favoritos de Spotify.
Por eso, nunca me he cansado de recomendar la obra de los chicos de Odders Lab (quizá hasta he llenado el canal de YouTube con vídeos del juego), pero quedaba un grupo de usuarios por probarlo: los de PSVR. Eso ya ha acabado gracias al port de OhShape, con que toca volver a hablar del juego por tercera vez, para comprobar qué tal funciona esta nueva versión, además de hablar de las mejoras a nivel global que ha ido teniendo este título musical desde el análisis de la versión de Quest. Id calentando, que vamos a bailar como si no hubiera un mañana.










