
Si alguna vez pensasteis que al género de captura de monstruos le faltaba una buena dosis de madurez, conflictos reales y una atmósfera bastante más lúgubre, Monster Crown: Sin Eater ha aterrizado para cumplir vuestras plegarias. Alejándose de las típicas aventuras infantiles donde el único objetivo es conseguir medallas de gimnasio, aquí encarnamos a Asur, un protagonista envuelto en una trama cruda donde debemos intentar salvar a nuestra familia de un peligro inminente en la región de Crown Nation. Es una experiencia de rol con una fantástica estética de 16 bits que atrapa gracias a su cuidada ambientación y a un sistema de decisiones que altera el mundo a tu alrededor. Pero el verdadero corazón del juego no es simplemente caminar por la hierba alta; es su enfermizo y adictivo nivel de manipulación genética.
En lugar de conformarnos con las especies base que habitan el mapa, el juego nos permite cruzar libremente a nuestras criaturas. Puedes mezclar tipos, apariencias y estadísticas para crear monstruos completamente únicos en combinaciones prácticamente ilimitadas. Sin embargo, hay que ir con las expectativas ajustadas en ciertos frentes. Aunque el sistema de cría es un pozo de horas espectacular,el guión peca en varias ocasiones de ser demasiado edgy (intentando forzar un tono oscuro y retorcido casi al extremo) y que apartados como el sonido o la banda sonora cumplen, pero no se quedan en la memoria. A pesar de estas aristas, si buscáis un giro fresco a la fórmula clásica y tenéis alma de genetistas, es un JRPG que engancha de mala manera.
Podéis conocer más detalles viendo nuestras primeras impresiones, a continuación.

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