
Es curioso cómo el hype es un arma de doble filo. Por un lado, te mantiene expectante ante cualquier nueva noticia sobre un juego, mientras que luego, cuando ha salido a la venta, puede no colmar las expectativas depositadas en él y decepcionarte. Es lo que me ha pasado más o menos con Daylight, un survival horror que, desde que se anunció, tenía todas las de ganar al presentarnos un universo con niveles generados de forma aleatoria mientras intentábamos escapar de unos malhumorados fantasmas. El no poder saber nunca qué te ibas a encontrar en cada esquina es, ciertamente, muy interesante en un survival horror, ya que en juegos como Outlast, una vez te sabes los sustos scriptados, la sensación de miedo se reduce drásticamente. En ese sentido, Daylight ha cumplido, pero este gran concepto se podría haber elaborado muchísimo mejor.









