Los desarrollos problemáticos rara vez se traducen en grandes juegos. Ahí están los ejemplos de Duke Nukem Forever en el lado negativo, y DOOM en el positivo. Al fin y al cabo, cambiar por varios equipos de desarrollo y modificar la visión inicial poco a poco va desvirtuando el proyecto. Con Homefront: The Revolution tenemos un caso bastante particular, ya que el juego estaba siendo originalmente desarrollado por Crytek para THQ hasta que ésta quebró, adquiriendo el estudio la licencia de la saga, y trabajando junto a Deep Silver en la secuela. Entonces Crytek tuvo problemas económicos, el juego desapareció durante un tiempo y Deep Silver compró tanto la IP como parte del estudio de desarrollo para formar Dambuster Studio y terminar el juego.
Sí, ha sido un desarrollo problemático para esta secuela/reboot de una saga que parte de una idea bastante original: ¿qué pasaría si Corea del Norte invadiera EEUU? El original no cumplió del todo las expectativas, con que había ganas de comprobar si esta nueva visión de la revolución americana aprovecharía al máximo este concepto. ¿Merecerá la pena rebelarse?










