En 2008, los chicos de EA Redwood Shores nos sorprendieron con uno de los mejores Survival Horror de esta generación, un género abanderado por sagas como Resident Evil y Silent Hill. El juego nos ponía en la piel de un ingeniero, Isaac Clarke, que acudía junto a otros tripulantes a una nave minera averiada y aparentemente desolada, el USG Ishimura. Nuestro protagonista, armado con utensilios de ingeniero, debía hacer frente a numerosos peligros que acechaban por toda la nave, llamados necromorfos, que no eran más que la propia tripulación que había mutado por culpa de un artefacto alienígena conocido como la Efigie.
Poco más de dos años más tarde, la misma gente de EA Redwood Shores, ahora bajo el nombre de Visceral Games, y después de dejarnos un discretito Dante’s Inferno, nos traen la esperada continuación del exitoso Dead Space.
Esta secuela comienza tres años después de los acontecimientos del primer juego. Para quienes no jugaron al anterior, algo poco aconsejable al mismo tiempo que imperdonable no haberlo hecho ya, tenemos un buen resumen que nos explica con todo tipo de detalles los acontecimientos vividos y el porqué nuestro protagonista empieza esta nueva aventura atado con una camisa de fuerza en el ala psiquiátrica de The Sprawl, una colonia espacial en órbita por Saturno.

