Como fan de los juegos de infiltración, una de las sorpresas más agradables de los últimos años fue Styx: Master of Shadows, que a pesar de tener varios problemas, lograba ofrecer una experiencia hardcore de sigilo como pocos títulos hoy en día. Por ese motivo tenía muchas ganas de ver Styx: Shards of Darkness en la Gamescom, y si hubiera que definir esta secuela en una frase, esa sería más y mejor en todo.
De nuevo controlaremos al pequeño Styx, que sus desarrolladores consideran una especie de mezcla entre Tyrion Lannister y Deadpool. Conscientes de que tenían ya una muy buena base en el original, su objetivo principal ha sido arreglar lo que no funcionaba, además de ofrecer un acabado visual mucho más espectacular, una de las pegas de la primera parte. Para esto han ido a lo seguro, al usar el Unreal Engine 4, y el salto gráfico es más que evidente desde el primer minuto.










