Cada día que pasa descubrimos un videojuego con mayor espectacularidad que el anterior, cada día que pasa el último juego es mejor que el anterior, mejores gráficos… en definitiva, mayor realismo. Pero muchos de nosotros no nos damos cuenta de lo que conlleva ese realismo y mejoras gráficas en los juegos de ahora.
Actualmente estamos valorando muchísimo la calidad de los videojuegos, su realismo o estilo cinematográfico del mismo, pero nos estamos olvidando, de lo que opino, es lo más importante en este mundo… “la diversión”. Hoy por hoy preferimos un juego visualmente perfecto a algo realmente divertido. Leemos análisis de videojuegos con notas espectaculares, pero que siempre se olvidan de lo principal, la adicción a esos momentos que realmente nos llenan, que es el entretenimiento. Se está haciendo habitual escuchar a muchos “fanboys” que este o aquel juego es perfecto o una maravilla, pero a la hora de la verdad los probamos y sí, son espectaculares, pero… jugaste y no sentiste nada especial… y lo guardas en el cajón de los juegos terminados sin posibilidad de volver a jugarlos…
Este hábito hace que la industria del videojuego se incline mas hacia un mayor fotorrealismo de los videojuegos valorando únicamente ese punto, incrementando en número de polígonos exponencialmente en los mismos al anterior juego, creando texturas de mayor calidad, mejorando la calidad en definitiva de una manera increíble, y eso esta bien para nosotros los usuarios de sus productos, pero todo esto sólo se realiza incrementando exponencialmente también el presupuesto para la creación de videojuegos.
Todo esto conlleva que las compañías necesiten una mayor inversión para crear esa supernovedad con la que dejarnos con la boca abierta, pero… ¿Quiénes pueden sufragar esos grandes costes? Sólo las grandes compañías que todos conocemos.
