
Disciples: Domination aterriza en el mercado con la pesada corona de ser la secuela directa del aclamado Disciples: Liberation, pero su llegada ha estado marcada más por la polémica que por la celebración. Situándonos quince años después de los eventos originales, volvemos a encarnar a una Avyanna endurecida que lucha por mantener la cohesión de su imperio frente a nuevas amenazas. Sin embargo, la narrativa -uno de los pilares de la franquicia- ha sido el primer punto de fricción para los veteranos. La decisión de «canonizar» un final específico y descartar las decisiones tomadas por los jugadores en la entrega anterior ha generado un rechazo palpable. Para muchos, esta elección de diseño rompe la inmersión del rol, transformando lo que debería ser una continuación personal de su historia en una trama lineal que se siente desconectada del viaje emocional que vivimos hace unos años. A esto se suma una sensación generalizada de déjà vu: el reciclaje de assets, animaciones y estructuras de la entrega anterior hace que Domination se perciba a ratos más como una expansión glorificada a precio completo que como una verdadera secuela generacional.
En el plano estrictamente jugable, el título mantiene la solidez del combate táctico por turnos que definió a su predecesor, pero peca de conservador. La incorporación de los Clanes de la Montaña y el nuevo sistema de «agravios» añaden una capa extra de gestión diplomática interesante, obligando al jugador a equilibrar los favores entre facciones con más cuidado que nunca. No obstante, la experiencia se ve lastrada por un acabado técnico que dista de ser ideal en su semana de lanzamiento, con reportes frecuentes de bugs en la interfaz y caídas de rendimiento que empañan las batallas más multitudinarias. Aunque la gestión de la ciudad de Yllian sigue siendo satisfactoria para los amantes de la optimización de bases, la falta de innovación real en las mecánicas de combate y la repetitividad de los enfrentamientos a medio plazo dejan a Disciples: Domination en tierra de nadie: es un título disfrutable para el fanático incondicional que solo busca «más de lo mismo», pero una oportunidad perdida para quienes esperaban que la saga diera el siguiente gran salto cualitativo.
Podéis conocer más detalles viendo nuestras primeras impresiones, a continuación.

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