[GC 25] Impresiones de Dying Light: The Beast. Nueva bestia, mismos zombies

La combinación de parkour y matanza de zombies funciona increíblemente bien, como nos han demostrado desde Techland con la saga Dying Light. Tras una segunda entrega enorme y muy ambiciosa, a veces toca volver a los orígenes con una entrega más compacta pero igual de completa y divertida. Así que, lo que iba a ser originalmente un DLC, creció hasta convertirse en Dying Light: The Beast. El regreso de Kyle Crane está a la vuelta de la esquina, y durante Gamescom 2025 pude ver si el futuro de la saga es brillante o ya está en modo zombie.

En general, me quedé un poco con la sensación de que están ocurriendo ambas cosas. Pese a no haber jugado aún a la segunda entrega, tuve una gran sensación de familiaridad con el primer juego. ¡Y eso no es nada malo! Explorar una ciudad infestada de no-muertos mientras usamos el parkour y toda clase de armas sigue siendo igual de divertido que siempre. Pero ahora tenemos poderes especiales que nos convierten en el cazador en vez de la presa, cambiando la dinámica sobre todo por la noche… Aunque sea temporalmente. Así que calentad, que toca volver a saltar y acuchillar sin parar.

Los retos de volver a montar en bici

Dying Light: The Beast va a ser un juego muy amplio, con que para una feria como Gamescom, el equipo tenía preparada una misión secundaria. Tiene lugar ya avanzado el juego, con que nada de tutoriales iniciales o una ascensión incremental en el desafío por presentar a más tipos de enemigos cada vez. Así que, pese a la familiaridad de todo, costó ponerse un poco en situación. Sí, tras casi una hora la memoria muscular va volviendo, pero digamos que esta es una bici a la que cuesta volver para fluir entre los diferentes estilos de juego.

Esto hizo que tuviera bastantes momentos frustrantes. Los bugs no ayudaban, claro. Ver que me moría porque un zombie explotaba en otra habitación no es nada divertido. O que aparezca de repente un zombie especial que ni me sonaba, para destrozar al pobre Kyle sin saber siquiera cómo reaccionar. Quiero pensar que estos problemas se deben a eso, a estar ante una demo que asume llevamos ya horas jugadas.

Pese a esto, logré divertirme de lo lindo a medida que iba recordando todo. Esta misión secundaria consistía en devolver el agua limpia a la comunidad de supervivientes a la que Kyle está ayudando. Tener la demo ya en castellano es un plus, aunque el doblaje es un poco cuestionable. La versión tan macarra de este Kyle me pilló completamente por sorpresa, aunque lo dicho, es una gozada ver que Dying Light: The Beast seguirá apostando tanto por la localización total en nuestro idioma.

Con tantos tipos de zombies, las peleas van a ser más desafiantes que nunca

La importancia del agua limpia

Para completar el objetivo, tocaba viajar a una sub-estación bastante retirada del núcleo de la ciudad. Esto ya permite usar algo el parkour para movernos, hasta que se sale de la zona con edificios más verticales para llegar al campo. Aquí el uso de vehículos es lo más útil, siendo increíblemente satisfactorio atropellar a los zombies que se ponen en nuestro camino. También en esta exploración se puede ver que hay bastante por hacer en esta ciudad, ya sea recuperar armas de convoys militares que están tomados por zombies especiales o incluso otros mercenarios.

Como el tiempo es oro, fui directo al objetivo principal, usando entonces el parkour para colarme en el edificio desde la azotea. En el interior se puede ver que había que activar unas válvulas por la ciudad, y llegado el momento, meternos en las alcantarillas para dar con unos supervivientes que habían cortado el flujo del agua para que alguien fuera a rescatarlos.

En todo este proceso, el combate es lo predominante en vez del parkour, y por eso notaba que me faltaba una pata de los núcleos jugables de Dying Light: The Beast. Aun así, todo sigue siendo muy satisfactorio, usando varias armas contundentes o cortantes para masacrar a los zombies. De nuevo, costaba un poco volver a coger el ritmo o aprender los combos, pero al ir tan sobre-equipados, la fantasía de poder de usar un lanzallamas o varias granadas para limpiar grupos de decenas de zombies no se pierde en ningún momento.

El parkour volverá a ser una herramienta clave para movernos por la ciudad y pelear

Soltad a la bestia

La novedad principal de esta entrega está en que Kyle Crane está infectado, por lo que cuenta con poderes especiales. Esto hace que las caídas ya no supongan un problema, al no perder nada de vida, animándonos así a arriesgarnos más con cada salto por la ciudad. ¿El plato fuerte? El modo berserk. Al activarlo, abandonaremos las armas para usar nuestros puños, arrasando con los enemigos como si fueran mantequilla.

Las animaciones de las ejecuciones no podían ser más espectaculares. ¿Y la fantasía más absoluta de Dying Light: The Beast? Poder hacer frente a los cazadores que nos persiguen durante la noche. Destrozarlos con nuestros puños y hacerlos papilla es sencillamente increíble. Pasar de ser su presa a su cazador. ¿Es sólo momentáneo? Sí, pero vaya momentazo.

Dulce y maravillosa vendetta

Así que, este Dying Light: The Beast va a ser más de lo que ya conocemos, pero con pequeños ajustes aquí y allá. Quizá es todo demasiado familiar a lo que ya hemos jugado en anteriores entregas, con que no esperéis algo muy sorprendente, pero si queréis más parkour y matanza de zombies, entonces Techland no va a decepcionar lo más mínimo con esta nueva entrega a partir del 19 de septiembre.

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