Las betas han ido ganando en importancia en los últimos años no por lo útil que sean para mejorar el juego, sino por funcionar como demos que permiten probar antes de su lanzamiento los mayores juegos del momento. Esto normalmente nos ha dado una oportunidad de oro para echar unas partidas al Call of Duty de turno antes de que llegara noviembre, pero este año si cabe era más importante para Call of Duty: Infinite Warfare por la dura competencia que está poniendo Battlefield 1 y el odio que ha levantado esta entrega.
Por este motivo, la beta tenía que suponer un golpe de efecto para demostrar que la saga sigue en buena forma, y que la ambientación espacial iba a ofrecer algo nuevo que echara para atrás a los detractores. Tras todo un fin de semana con la beta en su versión para PS4, ¿habrá logrado la beta cambiar las expectativas de la gente de cara a Infinite Warfare?









