Cuando echamos un vistazo a la pasada generación, es fácil ver que uno de los juegos más influyentes fue Gears of War. Su lanzamiento en 2006 no solo supuso la primera demostración de lo que podían hacer técnicamente las nuevas consolas, sino que cambió la forma de plantear los shooters en tercera persona, al mismo tiempo que popularizó el motor Unreal Engine 3. Desde entonces, nos encontramos muchos juegos del género que adoptaban su jugabilidad basada en coberturas, y hasta su estilo visual tirando a tonos grises para mostrar un mundo oscuro.
Así que, si nos fijamos en qué juegos merecen actualizarse para llegar a una nueva generación, este primer capítulo de la saga es un firme candidato. Así surgió Gears of War: Ultimate Edition, como primer juego de The Coalition, el estudio detrás de la franquicia, y para ponernos al día de cara al lanzamiento del cuarto capítulo de la saga. Lo bueno es que, mientras que las remasterizaciones se han convertido en la norma, en este caso nos encontramos en una fina línea entre la remasterización y el remake que a veces cuesta distinguir.










