
Es increíble lo que ha pasado con Destiny. La Alpha y la Beta nos dejó a prácticamente todos maravillados, soñando con lo que nos encontraríamos en la versión final dada la altísima calidad de estas versiones de prueba. Sin embargo, aquí estamos, con el juego ya entre nosotros desde hace unas semanas, y solo hay una palabra para definirlo: decepción.
No porque sea un mal juego como tal, sino porque todo el enorme potencial que había detrás se ha esfumado, y la maestría de Bungie a la hora de crear FPS memorables parece que se ha esfumado. Porque aunque hay cosas que funcionan a las mil maravillas, hay tantos fallos, que uno se pregunta si el juego no debería de haberse retrasado para ser mucho mejor de lo que es hoy en día.









