De vez en cuando esta industria nos deja auténticas obras maestras. Así sucedió hace 11 años con Deus Ex, un título que enamoró a todos los peceros de la época convirtiéndose en lo que llamamos “juego de culto”. Ambientado en un mundo sumido en el caos más absoluto causado por virus mortíferos y conspiraciones terroristas para dominar el mundo, nos poníamos en la piel del agente antiterrorista J. C. Denton para viajar por todo el mundo desarrollando nuestras habilidades y creando una red de aliados que nos ayudarían a hacer frente a la amenaza. El título ofrecía al jugador una profundidad jamás vista en el género al que pertenecía (Acction-RPG), con una total interactividad con el escenario y con sus personajes (pues todo giraba en torno a un argumento repleto de diálogos indispensables para el desarrollo de la trama), la posibilidad de personalización y progresión de nuestro protagonista en función de nuestro estilo de juego (mediante una serie de habilidades) o sus cuatro finales distintos derivados de nuestras actuaciones o decisiones. Una maravilla, vamos.
El juego fue creado por el estudio Ion Storm, fundado por John Romero y al que posteriormente se unió Warren Spector (Wing Commander, System Shock o el reciente Epic Mickey) para crear esta obra magna de la industria videojueguil. El estudio no duró mucho tiempo en activo (apenas 4 años), pero tuvo tiempo de mostrar lo mejor (Deus Ex o Thief: Deadly Shadows) y lo peor de lo que eran capaces de hacer (Daikatana, Deus Ex 2: Invisible War o esa bizarrada llamada Anachronox).
