
A estas alturas a todo el mundo le debería sonar ese portento tecnológico llamado Cry Engine, obra del estudio alemán Crytek Studios, que nos dejó bien flipados hace 5 años con aquel Crysis que pocos ordenadores eran capaces de correr y que se convirtió en referente gráfico de PC. Pero el estudio ya había saltado a la fama unos años antes gracias al ex soldado de las fuerzas especiales Jack Carver (o más bien gracias a esa discretita camisa) en el majestuoso Far Cry, un tremendo FPS que sirvió para presentar en sociedad el motor propio de la compañía.
El salto a las consolas de Crysis 2 conllevó un sacrificio tecnológico, con un impacto visual presumiblemente menor (pese a que consiguió sacarle un buen rendimiento a nuestras PS3 y 360) y la exclusión de algunos puntos alabados de la entrega original como la destrucción e interacción total con los entornos o el esquema sandbox de mundo abierto de aquella jungla, convirtiéndose en cierta medida hacia entornos más encorsetados. Una práctica habitual en consolas: más pasillos pero más cinematográfico.
Regresa un viejo conocido del primer juego, Prophet (antiguo jefe de escuadrón) y que hizo una fugaz aparición en la secuela para entregarle el nanotraje a Alcatraz, esta vez en el papel de protagonista, en busca de venganza contra sus captores e intentar salvar lo que queda de este mundo desolado por la invasión alienígena. Un título que fusiona lo mejor de las dos anteriores entregas con ese concepto de acción sandbox por el que destacó el primer juego, siempre con el referente tecnológico que implica la marca Crytek con su flamante Cry Engine 3 mejorado, y que viene a cerrar esta trilogía.



