
Aunque la saga Ninja Gaiden ha tenido varios juegos y estilos a lo largo de su historia, lo cierto es que son juegos que en (prácticamente) todas sus iteraciones han sido calificados de desafiantes y, en más de una ocasión, incluso de injustos… aunque no por ello han sido menos gratificantes, divertidos o incluso queridos (si no tenemos en cuenta algún que otro tropiezo…). Pese a ello, lo que es innegable es que los juegos han ido cambiando y evolucionando según la época en la que se desarrollaban, empezando con juegos en 2D para, tras unas cuantas entregas y muchos años, dar el salto al 3D, donde parece que la saga está muy cómoda. Dicho esto, Ninja Gaiden: Ragebound, juego del que vamos a hablar hoy, echa la vista atrás, hasta los inicios de la saga para traernos una propuesta muy clásica en su concepción… ¿logrará su objetivo o será otro tropiezo en la senda del ninja?
Lo primero de todo, eso sí, dejadme hacer un breve repaso a la saga porque será importante, en cierto modo, más adelante… la primera entrega de la franquicia se lanzó allá por el lejano 1988 con dos versiones totalmente diferentes: la arcade, bastante olvidada hoy en día (un beat’em up muy colorido, que a nivel personal me fascina gracias a que lo conocí de crío gracias a su limitada pero resultona conversión a Atari Lynx), y la de NES, el plataformas endiabladamente complicado (y divertido, y carismático, y…) que todo el mundo recuerda. No sería hasta 2004 que la saga daría el salto a la acción 3D de los hack’n slash con el reboot que realizó Itagaki y su equipo para la Xbox original (que posteriormente mejorarían en Ninja Gaiden Black) y siendo su secuela para Xbox 360, Ninja Gaiden II, uno de los mejores exponentes del género incluso a día de hoy (y es que, además, nos lo ponen fácil, siendo un juego retrocompatible en Xbox Series y habiendo tenido revisiones jugables, como Ninja Gaiden Sigma 2 incluido en la Ninja Gaiden: Master Collection, o el reciente Ninja Gaiden 2 Black). Y ojo, que en esto de los juegos 3D seguimos a la espera del prometedor Ninja Gaiden 4 (y del que mi compañero Luismi habla maravillas…).
Pero claro, ya lo he dicho un par de veces, estamos ante un juego en 2D, y es que el título pretende ser una vuelta a los orígenes de la saga, con un planteamiento que parece sacado de los juegos de NES: acción en 2D, secciones plataformeras, una dificultad marca de la casa… eso sí, no se si es porque yo no conozco tanto esos títulos (perdonadme, pero uno no tiene tiempo para jugar a todos los juegos que querría, y estos son unos eternos pendientes para mí) o porque realmente han cogido un poco de aquí y de allí, pero en ciertas secciones de cables y tuberías (no doy más detalles para que lo descubráis vosotros mismos) veo bastante del arcade, lo que me hace inmensamente feliz.
Pero bueno, a lo que iba: que estamos ante un juego muy clásico en su planteamiento y sus mecánicas. Y no sólo eso, sino que el aspecto visual es muy clásico también, gracias a un precioso pixel art salido directamente de las manos de los artistas de The Game Kitchen, que ya demostraron su buen hacer con la saga Blasphemous y su preciosista (a la par que retorcida) imaginería sacada directamente de la Semana Santa. Y es que el juego nos ofrece absolutamente todo lo que podíamos esperar del estudio, y un poquito más incluso: cada escenario tiene una ambientación diferente (no todas son radicalmente diferentes, ojo, pero sí que hay cambios en prácticamente todos), haciendo que el aspecto sea único en todos ellos, y eso cuando no incorporan además alguna mecánica única como el nivel en el que iremos en moto. Y por si fuera poco, prácticamente todos los escenarios cuentan con algunos enemigos únicos, algo que afectará tanto a nivel estético como jugable, pues los enemigos tienen diferentes características como vida o rutinas de ataque diferenciadas.
Pero antes de proseguir con esto, dejadme hacer un pequeño inciso, pues aún no os he hablado ni de la trama del juego, ni de los protagonistas (y estos últimos serán importantes en breves): el juego nos pone en la piel de Kenji Mozu, un ninja de la aldea Hayabusa que deberá unir fuerzas con Kumori, una miembro del clan de la Araña Negra (rivales de los Hayabusa, por si no se entendía). Esta extraña pareja, unida por un mismo objetivo, deberá hacer frente a las hordas demoníacas y evitar que el mal se apodere de nuestro mundo, a la vez que debe hacer frente a otros enemigos que no desvelaremos para no spoilear demasiado una trama que, sin ser nada especialmente nuevo ni complicado, cumple con creces el objetivo de ponernos en acción.
Decía que estos protagonistas son importantes porque Kenji ataca con su katana, mientras que Kumori hará lo propio lanzando sus mortíferos kunais (y cuidado, que esta chica es una auténtica ametradallora). La gracia es que cada uno de estos ataques tiene asignado un color (que coincide con el del personaje): azul para la katana, rosa para los kunais. Si vemos algún enemigo que tiene un aura de ése color alrededor y lo atacamos (y derrotamos) con el ataque correspondiente, ganaremos un ataque cargado devastador a realizar en los siguientes segundos, pudiendo incluso encadenar varios de éste estilo.
Esto es especialmente útil contra los bosses, pues son enemigos muchísimo más fuertes que pueden quedar aturdidos con uno de estos ataques, haciendo que la tarea de derrotarlos sea un poco más sencilla al darnos unos segundos extra para atacarlos con impunidad o incluso al cancelar alguno de sus ataques, al igual que también serán de gran ayuda los artilugios y las habilidades especiales que podemos equipar y que tienen un uso mucho más restringido que los ataques normales. Y es que si bien el juego no es especialmente sencillo, las secciones plataformeras (donde nos agarraremos a techos, paredes y saltaremos sobre obstáculos) son muchísimo más fáciles que los bosses de final de nivel.
De hecho, hubo uno hacia la mitad del juego que casi me hace abandonar, pues sentía que era incapaz de derrotarlo. Por suerte, un auténtico ninja nunca se rinde y se crece frente a la adversidad, pudiendo sobreponerme al reto y continuando así mi viaje para detener al mal. Debo decir, por cierto, que ese fue el jefe final que más me costó del juego, incluso más que el último jefe de todo el juego, habiendo incluso alguno que derroté en mi primer intento (pero no nos engañemos, esto no pasó demasiado que digamos…). No es que considere que es imposible, de hecho estoy convencido que ya hay gente que los hace sin morir, sin mirar o controlando el juego con algún accesorio extraño como una alfombra de baile o una caña de pescar, pero considero que para un jugador normalito-tirando-a-malillo hay ciertos picos de dificultad que no están bien calibrados del todo.
Por si el reto no os parece suficiente, el juego cuenta con objetivos secundarios y con una serie de coleccionables que, al finalizar el nivel, nos darán ciertos bonus («monedas» para gastar en la tienda de mejoras en las que desbloquear gadgets o amuletos que pueden darnos ventajas adicionales o retos extra) o desbloquearemos niveles secretos. Y cuidado, que se evaluará nuestro rendimiento en el nivel y se nos pondrá una calificación, por lo que si queréis exprimir al máximo el título, tenéis juego para horas (y eso sin contar el nivel difícil que se desbloquea al terminar la aventura junto a unos trajes alternativos).
Como decía antes, y de cara a ir cerrando este análisis, pasaremos a los aspectos más técnicos: visualmente el juego es una pasada, con montones de enemigos con diseños únicos, escenarios diferenciados y unos bosses impresionantes. Además, cuando acabamos con los enemigos iremos manchando las paredes (como en otros juegos de la saga) mientras vemos cómo caen desmembrados al suelo, algo realmente espectacular. Eso sí, para ser un poco puntilloso, en algún momento es posible que veamos los cuerpos enemigos desafiar la gravedad (algo bastante típico en los juegos en 2D, todo sea dicho) y hay alguna rotación de sprites que se nota un poquito rara. Nada gravísimo, pero que si que he visto y considero que tenía que decir. A nivel sonoro, contamos con una banda sonora sencillamente espectacular: además de contar con temas originales que acompañan muy bien la acción, hay unas pocas canciones recuperadas de NES que se han actualizado, pasando por el filtro del metal y la electrónica (y creedme, el resultado es espectacular) para «igualarla» a las piezas originales. No os daré la lata con el tema, pero sin duda mi canción favorita del juego es Unbreakable Determination (Ragebound Version).
Conclusión
Ninja Gaiden: Ragebound es la puesta al día de la jugabilidad más clásica de la saga. No es perfecto, pues tiene algunos picos de dificultad que pueden ser exasperantes, y algún detalle gráfico desentona un poquito con los gráficos preciosistas de la aventura, pero sin duda hará las delicias de los fans de la saga, de los ninjas o de la buena acción con un toque desafiante.
Nos consolamos con:
- Una propuesta clásica pero moderna a la vez
- Visualmente es un auténtico espectáculo
- La banda sonora
- El juego recompensa a los ninjas que se esfuerzan…
Nos desconsolamos con:
- … aunque, por momentos, la dificultad está un poco mal calibrada
- Algunos defectos gráficos
Análisis realizado gracias a una copia digital proporcionada por DotEmu
Ficha
- Desarrollo: The Game Kitchen
- Distribución: DotEmu
- Lanzamiento: 31/07/2025
- Idioma: Totalmente en español
- Precio: 24,99€