Hoy en día no es extraño escuchar de nuestros amigos esa típica frase que titula esta reflexión y no extrañarnos en absoluto.
La industria del videojuego está bajando la dificultad de los videojuegos considerablemente en función de las exigencias del mercado, y es que hoy por hoy el mercado de los videojuegos está muy enfocado a captar al máximo numero de jugadores (compradores) de su producto.
En los años 80, y debido a su incapacidad técnica, los videojuegos tenían un nivel de dificultad muy elevada. Completar un videojuego llevaba unas pocas horas… pero esas horas tenían ¡trampa!. Sí, era necesario repetir una y otra vez una pantalla hasta casi sabérsela de memoria, ya que incluso a veces se necesitaba apurar hasta el píxel para poder pasar entre esos monstruos que parecían imposibles de flanquear. Era todo un reto de constancia.
Actualmente un jugador se cansa y decide cambiar de juego si en 10 minutos intentando pasar una pantalla no consigue superarla, por esa misma razón se implementaron en los juegos los puntos de guardado o simplemente la regeneración automática de la vida.
Por culpa de esta falta de constancia, y así poder llegar al mercado del jugador casual, se implementaron en los juegos los niveles de dificultad, entre los que podemos encontrar el nivel fácil o muy fácil en los que nos podemos sentir como un autentico Dios invencible y así poder disfrutar del juego en su totalidad sin preocuparnos en absoluto por si nos matan o no; o el nivel muy difícil para aquellos que si quieren crearse ese reto de dificultad, constancia y reto.
