Anoche, aprovechando la oportunidad que unos cuantos no jugones habituales se reunieron delante de mi PS3 decidí desenpolvar una copia de Trivial Pursuit que desde hace días me miraba desde la estantería.
No tardaron mucho en llegar los primeros bostezos, aunque era tarde por la noche, y es que el nivel de las preguntas no era lo suficiente alto como para marcar la diferencia (y la diversión) entre el equipo de chicos y chicas que se habían creado. A diferencia de la tradicional edición de tablero, en las videoconsolas las preguntas se presentan con cuatro opciones a elegir.
¿Cuál de estos es un jugador de baloncesto?
A. Peter Pan.
B. Michael Jordan.
C. Michael Jackson.
D. Messi
Díficil, ¿eh? No eran exactamente estas las diferentes respuestas (a parte del Jordan y el Jackson), pero eran por el estilo. La posibilidad de escoger entre diferentes niveles de dificultad hubiese sido bienvenida.
En ese punto, decidimos poner el juego en inglés para aumentar un poco de la dificultad (dentro de lo que cabe vivo en Inglaterra). Eso le puso un poco más de gracia al tema.
El juego presenta algunos otros modos para dar aliciente, como uno donde los quesitos están limitados u otro en el que hay que limpiar el tablero y no se puede responder dos veces la misma casilla, pero se echa en falta una modalidad online para aquellos que no tienen amigos a los que aburrir.
Y si realmente buscas un juego con trofeos fáciles, en Trivial Pursuit parece que te los regalen. En una partida y sin hacer nada en concreto llegué a conseguir unos ocho de ellos.
Probablemente, los más peques y jóvenes puedan llegar a pasarlo bien (y no, ejem, a personas sabias y maduras en la treintena como yo claro, jeje).
Nada como la edición real en tablero, aunque es algo atractivo para los amantes de las preguntas. Eso sí, al salir para todas las versiones de consolas imaginables, se asegurarán un número decente de ventas.
