Dynasty Warriors vuelve a la carga por enésima vez, y la verdad es que ya he perdido la cuenta, con más de una quincena de entregas con escasas diferencias entre ellas. Multitudinarios combates con cientos de enemigos simultáneos y unas espectaculares artes de combate en una China feudal.
La saga quedó como uno de los legados de la pasada generación de consolas, concretamente en Playstation 2 donde se revitalizó, después de empezar en Playstation con un mediocre juego de lucha, para convertirse en un Beat’em Up masivo que catapultó a Koei, una modesta compañía que vio como sus ventas se incrementaban hasta un punto que ni los más optimistas hubieran vaticinado. La compañía ha ido exprimiendo la misma fórmula una y otra vez durante más de 10 años en incontables secuelas, expansiones y spin-offs, donde se ha atrevido a introducir toques de rol (saga Strikeforce) o estrategia por turnos (saga Empires) y ha servido como inspiración a otras como Trinity Souls of Zill O’ll o Legend of Troy.
