Tengo que reconocer que nunca llegué a probar Demons Souls, por lo que siempre pensé que exageraban con sus numerosas muertes. Pero eso cambió tras una partida rápida a Dark Souls en el Gamefest. Empecé la partida en la hoguera, tras otra muerte dolorosa del anterior jugador. Lo «bueno» es que ya tenías una base para no cometer el mismo error, pero mejor ir por partes. Como nos acabamos de regenerar, hay que volver a equiparse, y aquí es donde ves que hay montones de opciones en donde elegir, como en los grandes RPGs del género. Una vez equipados, llegó el momento de salir a la acción. En el primer encuentro con un par de esqueletos, tras casi matar a uno, acabé muriendo. Vamos, que el juego es tremendamente implacable hasta con unos cuantos huesos. Así que nada, volvemos al lío, y esta vez sí que consigo acabar con ellos usando una estrategia más defensiva que ofensiva, además de que los ataques por la espalda son mortales. Todo luce muy bien y la satisfacción es enorme, hasta que después te encuentras con una rata gigante y más esqueletos que te matan a la primera de cambio. Está claro que esto es una toma de contacto demasiado breve con un juego tan grande, pero ya prepara para saber que vamos a morir muchísimo cuando el título salga a la venta, porque es uno de esos juegos que hay que probarlos sí o sí.