
En Canvas, asumimos el rol de un pintor que compite en un prestigioso festival de arte, aunque aquí la creatividad depende más de nuestra visión espacial que de la habilidad con el pincel. La gran innovación del título, trasladada fielmente desde el juego de mesa, es el uso de cartas transparentes que se superponen en capas. El objetivo principal es combinar tres de estas láminas artísticas —cada una con elementos parciales— para componer un cuadro único y completo. Visualmente es una experiencia relajante y muy cuidada, donde la interfaz digital facilita enormemente la visualización de cómo quedará la «obra maestra» final, manteniendo ese estilo acuarela que hizo famoso al original en físico.
Sin embargo, bajo esa estética tranquila se esconde un puzle de optimización bastante estratégico. La mecánica central consiste en adquirir cartas de una fila común (gestionando fichas de inspiración para acceder a las más lejanas) y ensamblarlas en nuestro lienzo con un propósito claro: la puntuación. El verdadero reto está en alinear los iconos que aparecen en la parte inferior de las cartas; al superponerlas, taparemos o reverlaremos símbolos que deben coincidir con las condiciones de victoria de la partida.
Podéis ver nuestras primeras impresiones a continuación, o desde aquí.