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Jurassic World: Aftermath

Una de las franquicias cinematográficas más populares del mundo es sin duda Jurassic Park. Desde la primera película, este parque temático que usa dinosaurios como principal atracción ha captado nuestra imaginación, y cómo no, nuestro terror cuando las criaturas se han salido de sus «jaulas» y perímetros para empezar a merendarse al personal.

En el mundo de los videojuegos, la saga ha tenido varios exponentes en géneros muy diferentes, como un gestor del propio parque en el reciente Jurassic World: Evolution, o incluso un FPS muy experimental en los años 90 basado en las físicas. Con la idea de ofrecernos una nueva aventura mientras esperamos al estreno de la tercera parte de la actual saga de películas, CoatsinkOculus Studio nos traen a Oculus Quest Jurassic World: Aftermath. Situado entre las dos películas más recientes, viviremos más de cerca que nunca el terror de estar siendo perseguidos por estas auténticas máquinas de matar ya extintas, así que contened la respiración y buscad un buen escondite si no queréis acabar en la tripa de unos dinosaurios con muy malas pulgas.

El argumento de esta entrega es bastante simple, ya que controlamos a un mercenario que se adentra en Isla Nublar para recuperar la investigación de una científica que también nos acompaña en el viaje. Tras la marcha «precipitada» del parque en la primera Jurassic World, se dejaron muestras e información muy valiosas, tanto a nivel personal como económico, lo que justifica el alto riesgo que supone ir a una isla llena de dinosaurios que campan a sus anchas.

Obviamente, todo sale mal cuando unos pterodáctilos destrozan nuestro avión, por lo que acabamos atrapados en el centro principal del parque, con varios velocirraptores campando a sus anchas mientras nos toca activar diferentes partes del parque para lograr pedir ayuda y que nos rescaten. Por el camino descubriremos algo más sobre lo que se hacía en el parque, con audios en los que han participado tanto Jeff Goldblum como B.D. Wung, repitiendo sus papeles de Ian Malcom y el Doctor Wu respectivamente.

Aunque al final del juego hay una clara conexión con los hechos de la segunda película, la carga narrativa de Jurassic World: Aftermath es más bien pequeña. No ayuda que la historia no esté completa, ya que el juego acaba en un cliffhanger que se resolverá cuando se publique la expansión de pago en 2021. Sí, resulta que estamos ante un juego más o menos episódico, aunque originalmente no se había promocionado como tal. Es una lástima, porque se podrían haber metido conexiones con la serie de animación de Netflix (muy recomendable, por cierto) o tener cierto peso narrativo como entidad propia.

No ayuda que nuestro personaje, Sam, no sea un personaje como tal, ya que no decimos absolutamente nada, sino que seguiremos al pie de la letra lo que dice Mia por la radio, a quien nunca veremos físicamente. Lo dicho, hay algún detallito chulo para los fans, pero se podría haber hecho más para que el juego nos animara a seguir avanzando gracias a su historia.

Por tanto, el peso de Jurassic World: Aftermath está en sus mecánicas jugables, donde básicamente, nos encontramos ante un juego de sigilo en el que estamos completamente indefensos frente a los dinosaurios. Olvidaos de usar escopetas o armas como si estuviéramos en Turok, ya que aquí no somos los cazadores, sino las presas.

Una de las mejores escenas de toda la saga es cuando los niños se esconde de los velocirraptores en la cocina, y esa es la base para todo el juego. Durante casi toda la propuesta, tendremos que evitar a los velocirraptores ocultándonos en taquillas, debajo de mesas o en conductos de ventilación, mientras vamos completando nuestros objetivos. La estructura es similar a lo que ocurría en Alien: Isolation, ya que estas criaturas estarán siempre pululando por la zona donde se encuentra nuestra meta, para que nunca nos sintamos a salvo.

Eso sí, su IA es bastante más básica, al tener unos patrones de comportamiento muy básicos. De hecho, las mecánicas en general son bastante simples, al «solo» poder correr, agacharnos (tanto físicamente como con un botón) y activar ciertos mecanismos a distancia con nuestro guante. El juego usa muy bien estas limitadas herramientas (además de ofrecer amplias opciones de confort para toda clase de usuarios) para que vivamos la tensión del momento de una manera brillante, ya que creedme, no es lo mismo ver desde el televisor cómo un raptor muestra sus garras a unos pocos centímetros de nosotros mientras nos busca sin cesar, a ser nosotros los que estamos agachados debajo de una mesa casi sin respirar para que no nos detecte.

Por suerte, el título es bastante claro con los datos de nuestra situación para que siempre sepamos si estamos a salvo o no. Esto puede reducir algo la tensión al eliminar cierta impredecibilidad, pero creo que es algo que funciona muy bien en términos jugables. Por tanto, al meternos debajo de una mesa o en una taquilla, veremos cómo los colores se vuelven más azulados, para indicar que estamos a salvo.

Por otro lado, si un raptor nos detecta, la pantalla se pondrá en rojo, momento en el que tendremos que correr hasta un lugar seguro, o ver cómo nos matan. Bueno, no exactamente, ya que cuando el raptor hace la animación de atacar, se paralizará y pasaremos al menú donde recargar el checkpoint, ya que Jurassic World: Aftermath no busca mostrarnos gore ni tampoco jumpscares baratos, algo que se agradece.

Pese a estos dos estados claramente diferenciados, no debemos pensar que por estar agachados debajo de una mesa estaremos completamente seguros, ya que si nos escondemos debajo de una pero nos ha visto un raptor entrar en ella, nos podrá atacar y matar. Tengo que reconocer que quería «engañar» al juego pensando que sería siempre una zona segura, pero no, y cuando me mataron así, solté un grito que se preocuparon en casa por si me estaba pasando algo malo… Además de ser devorado por un raptor digital, claro. A partir de este momento empecé a ir con más cuidado todavía, usando mesas como cobertura más largas para que si me descubrieran, pudiera ponerme en el otro extremo rápidamente (aunque hay que cambiar entre los dos sitios, ya que el dinosaurio intentará rodear la mesa para pillarnos por el otro lado al ver que no llega desde uno, algo increíblemente emocionante) para sobrevivir unos minutos más.

Así que, nos toca usar las coberturas del escenario junto a los altavoces o pantallas para crear distracciones y así ir avanzando lentamente por el mapa. A esta tensión habrá que sumar los momentos en los que debemos activar algún mecanismo usando mecánicas muy propias de la VR, como girar manivelas o incluso un minijuego de «Simón Dice», ya que querremos hacerlo rápido para que no nos merienden los raptores, pero eso puede suponer equivocarnos y tardar más, lo que puede resultar en nuestra muerte prematura.

Es un ciclo jugable fantástico… Pero por desgracia, es casi todo lo que ofrece Jurassic World: Aftermath. No hay mucha variación entre los primeros encuentros con los velocirraptores y los últimos, ya que sólo podemos escondernos, esperar, activar algo a distancia, y ya. Se echa en falta una mayor variedad de situaciones, aunque una cosa no se puede negar: este ciclo jugable es increíblemente tenso. Todo está muy bien hecho para que el raptor se pare delante de una taquilla en la que estás para que tengas el miedo en el cuerpo de que te va a pillar, y aunque tu cerebro sepa que es imposible que lo haga, no puedes evitar contener la respiración.

Hay una sección hacia la mitad del juego que sí ofrece algo distinto, pero es más una pequeña distracción que una nueva forma de disfrutar del título, lo cual es una lástima. Una forma de añadir más variedad habría sido mediante un mayor grado de interactividad con el escenario, siendo algo en lo que el juego es bastante limitado.

Como tal, sólo vamos a poder tocar o agarrar los elementos del entorno que resalten de un color en concreto, por lo que tazas, bolis o cualquier elemento que veamos en las mesas estará anclado a éstas. Habría sido genial poder lanzar objetos para distraer a los raptores junto a la mecánica de encender temporalmente los altavoces, o por qué no, incluso llegar a defendernos para poder escapar a duras penas si tenemos algún objeto pesado en el inventario.

Esto es, junto a la duración, lo que más falla en las mecánicas jugables de Jurassic World: Aftermath, ya que el título es increíblemente restrictivo. Por ejemplo, en el avión donde estamos al inicio, nos sueltan la chapa y solo podemos escuchar a la voz incorpórea de Mia, sin que podamos agarrar nada, ni siquiera lo que luego nos dicen que agarremos. Por tanto, hasta que no nos dicen que podemos interactuar con algo, no lo podremos hacer. Restrictivo y quita inmersión, pero creo que se recupera con creces cuando estamos escondiéndonos de los dinosaurios.

En cuanto a la duración, el juego nos durará unas 3-4 horas, en función de lo rápido que vayamos. Habrá que ver cómo de larga es la expansión con la que cerrarán la historia, pero al menos, pero por ahora, no hay muchas opciones de rejugabilidad, al no tener coleccionables a encontrar ni nada por el estilo.

En el apartado visual, lo que primero salta a la vista es la elección de un estilo cel-shading muy marcado, que se aleja por completo del «realismo» de las películas. Puede que eche para atrás inicialmente, pero me parece uno de los mayores aciertos de Jurassic World: Aftermath, ya que al funcionar en un dispositivo independiente como Oculus Quest (o su segunda versión en mi caso), este estilo ayuda a que el juego luzca muchísimo mejor. De esta manera, se tienen escenarios muy llamativos, en los que es fácil distinguir qué elementos son interactivos de los que no, además de ofrecer una gran nitidez en la imagen sin importar lo cargados que están los escenarios.

Mención especial se merecen los velocirraptores, que se mueven genial, e imponen una barbaridad. Ver desde debajo de una mesa las garras del raptor, moviéndose a veces uno de sus dedos como para indicar que están buscando algo, es sencillamente espectacular. Es cierto que hay algún problema de cuando en cuando con algunas animaciones en las que atraviesan partes del escenario, pero son problemas muy, muy puntuales, y por lo general, el juego se ve de maravilla. Un aspecto que me ha sorprendido es una sección en la que usamos una linterna, y todos los objetos emiten su propia sombra, algo que no es nada habitual en un dispositivo independiente como Oculus Quest. Además, este estilo artístico no resta inmersión, sino que al estar todo tan bien hecho y mostrar una gran cohesión, es preferible a haber apostado por un estilo realista pero que hubiera lucido mucho peor.

El sonido es otra de las grandes bazas del título. Para empezar, el trabajo de los actores (en inglés, y por desgracia también los subtítulos están en la lengua de Shakespeare) es genial, lo que hace que el diálogo, aunque no aporte gran cosa, al menos sí logre hacernos creer que la situación en la que estamos es muy real. Pero la verdadera estrella es el audio 3D que nos permite identificar por el sonido lo cerca o lejos que están los raptores, y más importante, su posición. Esto ayuda mucho a ese factor tensión que he ido comentando en el análisis, y al combinarse con la música típica de Jurassic Park, el resultado es fantástico.

Conclusión

Los chicos de Coatsink han creado un inicio bastante prometedor para Jurassic World: Aftermath. El problema es que, al estar ante sólo el inicio, cuesta saber si luego la conclusión merecerá la pena, si todavía nos falta la mitad de la historia por descubrir, o si habrá más mecánicas. Porque lo que hay ahora está bien, pero se echa en falta más variedad que quizá llegue en el siguiente episodio. Lo mismo con la carga narrativa, que por ahora es más bien limitada, y podría explotarse mejor para mostrar conexiones con la serie de televisión, o simplemente, desarrollar a estos nuevos personajes.

Lo bueno es que, la experiencia que nos ofrece Jurassic World: Aftermath es de las más intensas que nos podemos encontrar actualmente en la Realidad Virtual. La sensación que se tiene al ver a un velocirraptor pasar al lado de la mesa donde nos escondemos, mientras escuchamos cómo se mueve a nuestro alrededor mientras nos busca, es magnífica. Lo mismo ocurre con el apartado visual y sonoro, ofreciendo un resultado que funciona a las mil maravillas en Oculus Quest, para que realmente sintamos que hemos viajado a Isla Nublar.

Así que, si sois fans del sigilo y la tensión, o de la franquicia, Jurassic World: Aftermath no os va a decepcionar. Podría ofrecer más variedad de situaciones, una mejor historia, o una mayor interactividad con el escenario, pero el núcleo de esconderse de los velocirraptores  mientras vamos reactivando partes de las instalaciones nos enganchará de lo lindo y nos pondrá las pulsaciones a mil desde el principio hasta el final.

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Nos consolamos con:

  • La tensión que tendremos durante todo el juego es apabullante
  • El apartado sonoro es fantástico, y aporta mucho a esa intensidad de los momentos de sigilo
  • Visualmente luce de maravilla en Oculus Quest, siendo todo un acierto este estilo artístico de cel-shading
  • El núcleo jugable centrado en escondernos de los velocirraptores está muy pulido

Nos desconsolamos con:

  • Completamente en inglés
  • Se echa en falta una mayor interactividad con los escenarios
  • Más variedad de situaciones y dinosaurios no le habrían hecho daño
  • Tener que esperar a 2021 para acabar la historia y ver si por fin arranca

Análisis realizado gracias a una copia descargada de la Oculus Store.

Ficha

  • Desarrollo: Coatsink
  • Distribución: Oculus Studios
  • Lanzamiento: 17/12/2020
  • Idioma: Textos y voces en Inglés
  • Precio: 21,99 €

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