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Ori and the Blind Forest

Ori and the Blind Forest

Por mucho que digamos que lo que importa en los videojuegos es la jugabilidad, cuando hay un título que entra por los ojos, seguro que lo recordamos con más facilidad. Por desgracia, hay veces que los estudios ponen demasiado empeño solo en lo visual y se olvidan del juego en sí, como ha ocurrido recientemente con The Order: 1886Ryse: Son of Rome (aunque este último al menos lograba divertir bastante).

Por suerte, hay veces que tenemos el pack completo de maravilla visual y gran jugabilidad, y es ahí cuando estamos ante un señor juegazo. Es lo que le ocurre a Ori and the Blind Forest, que vuelve a poner sobre la mesa el tema sobre si los juegos pueden considerarse arte o no, al mismo tiempo que tiene unas mecánicas jugables a prueba de bombas.

Esta maravillosa aventura empieza con un momento que está diseñado para emocionar a cualquiera. Ori nació en el árbol espiritual del bosque, pero cayó y se topó con Naru, una especie de oso que le cría como si fuera suyo. Unos minutos más tardes, y ya estaremos enamorados de ambos personajes, siendo un testamento a la capacidad emocional de estos primeros minutos.

Ori and the Blind Forest

Eso hace que lo que arranca como tal la gran travesía de Ori por el bosque sea tan desgarrador, y sea complicado contener la lagrimilla. Con un comienzo así, esperaba estar ante un juego con una gran carga narrativa, pero Ori and the Blind Forest va por otros derroteros. En lugar de contarnos una gran historia, nos cuentan una historia más centrada en las emociones que otra cosa.

Los personajes con los que nos vamos cruzando tienen su propio trasfondo, que de nuevo, están pensados para tocar nuestra fibra sensible. Es genial lo que consiguen con muy poco diálogo (solo habla la esfera de luz, Sein, que nos acompaña, y un pequeño narrador en ocasiones muy contadas), por lo que cuando pasa algo a cualquiera de los personajes de la historia, realmente lo sentimos y nos llegamos a preocupar por ellos.

Entre tanta emoción, tenemos muchos momentos de adrenalina gracias al desafiante diseño de niveles, estando ante una jugabilidad Metroidvania clásica. A medida que avanzamos, Ori irá ganando experiencia para desbloquear mejoras, y según completamos niveles, conseguiremos nuevos movimientos para acceder a zonas antes inaccesibles.

Ori and the Blind Forest

En ese sentido, no estamos ante ninguna innovación, pero tampoco lo necesita, ya que todas las mecánicas son realmente sólidas. Al contrario que en otros Metroidvania, aquí el enfoque principal está en las plataformas. Nos atacarán bastantes enemigos sí, pero Ori no les ataca directamente. En su lugar, es Sein quien los atacará, por lo que nosotros solo nos tenemos que preocupar de esquivar sus ataques y estar lo suficientemente cerca de los monstruos para que Sein les pueda atacar.

El combate es sin lugar a dudas el punto más flojo de Ori and the Blind Forest, ya que es funcional y poco más. Los combates a veces sirven más como formas de superar un puzzle que otra cosa, y eso se puede ver en que no hay una gran variedad de enemigos, ni tampoco grandes jefes finales. Las dos peleas que se pueden clasificar como tal son enemigos muy similares a los que nos hemos enfrentado con anterioridad, pero ahora con un par de movimientos distintos.

Si vamos al lado plataformero del juego, estamos ante una auténtica maravilla. La precisión que tenemos a la hora de ejecutar cualquier movimiento es fantástica, y según vamos ampliando nuestro repertorio de movimientos, se convierte en una auténtica delicia ir explorando más y más de los escenarios, hasta encontrar todos sus secretos.

Ori and the Blind Forest

Los movimientos como tal son bastante básicos (doble salto, correr por las paredes o planear entre otros), pero hay uno que es fantástico: desviar los ataques. Gracias a este movimiento, los enemigos y sus proyectiles se convierten en plataformas para ir saltando de proyectil a proyectil. Otras veces, son herramientas para superar rompecabezas, ya que al desviar el proyectil, se parará el tiempo durante unos segundos y podremos indicar hacia dónde saldremos nosotros disparados. El proyectil o el enemigo saldrán en la dirección contraria, pudiendo usar esto para el combate o para desbloquear nuevas áreas.

Combinado con esto y un diseño de niveles magnífico, tenemos fases que no dejan de sorprendernos, al meter una nueva mecánica. A veces, es hacernos con el control de una habilidad, sumando todas las anteriores ya desbloqueadas; mientras que otras veces son sucesos únicos, como tener que usar las piedras que alteran la gravedad para movernos por el escenario.

Todos los escenarios están llenos de secretos, que nos darán más experiencia para comprar nuevas habilidades (hacer más daño, por ejemplo), o aumentarán nuestras barras de vida y magia. Así que, un reto interesante no está en solo completar los niveles, algo ya de por sí desafiante (pero nunca sin llegar a desesperar), sino desbloquear todo al 100%.

Ori and the Blind Forest

Una de las peculiaridades del juego es su sistema de guardado. En cualquier momento, siempre que estemos en terreno firme y sin enemigos cerca, podremos guardar la partida, que sirve como nuestro punto de control. Al principio, cuesta recordar que no hay checkpoints en los niveles como tal (salvo unas fuentes ocultas), por lo que en los primeros compases será normal morir y tener que rehacer todo lo que hicimos desde el último punto de guardado. Sin embargo, cuando nos acostumbramos a este sistema, se convierte en un recurso de lo más valioso. Eso sí, hay que tener una unidad de magia para poder crear este punto de control, por lo que tampoco podemos usarlo tras cada salto si no queremos quedarnos sin magia.

Con todo esto, tenemos una aventura que se puede completar en unas 6 horas aproximadamente. No es demasiado, pero son 6 horas que no se sienten alargadas, y de las que se disfruta cada minuto. Además, podemos tirarnos algo más si queremos conseguir absolutamente todo. En ese sentido, hay algo que no me ha gustado nada, y es que hay un par de zonas a las que no podemos regresar una vez las hemos completado. Además, no hay “Nuevo Juego Plus”, por lo que, una vez acabada la aventura, si queremos volver a este maravilloso bosque, tendremos que empezar desde cero. Así que, si queréis desbloquear todo, tendrá que ser de una pasada.

Ori and the Blind Forest

En lo técnico, estamos ante una auténtica maravilla. Por un lado, los gráficos se han conseguido gracias al motor Unity, pero por su estilo en 2D, no se parece en nada que hayamos visto antes. Todos los escenarios entran por los ojos, y verlo todo en movimiento es fantástico. No será raro que a veces muramos porque nos hemos quedado embobados con la belleza de todo, pero no nos importará.

El sonido también está a un nivel increíble, con una banda sonora que nos mete de lleno en este mundo de emociones y magia sin igual. Os recomiendo escucharla al menos una vez, porque es realmente fantástica.

Conclusión

Ori and the Blind Forest es un juego casi perfecto. La jugabilidad a lo Metroidvania con un gran énfasis en las plataformas es fantástica, y en lo técnico es sencillamente inmejorable. Que un juego te pueda llegar a emocionar ya es un logro, pero que encima lo haga con semejante belleza y soltura, para dejarte enganchado durante toda la aventura es genial.

Es una pena que no se hayan pensado más posibilidades de rejugabilidad como un “Nuevo Juego Plus”, o que haya zonas que solo podamos visitar una vez y a las que no podamos volver en caso de que nos dejáramos algo en la primera vuelta, pero son pegas mínimas para un título que, a día de hoy, es lo mejor de este 2015, y con diferencia.

9

Nos consolamos con:

  • Muy emotivo, con momentos realmente preciosos y desgarradores.
  • Diseño de niveles impecable.
  • Jugabilidad muy precisa.
  • Técnicamente bello a más no poder.

Nos desconsolamos con:

  • O se consigue todo en una pasada, o nada.
  • Poca variedad de enemigos.

Ficha

  • Desarrollo: Moon Studios
  • Distribución: Microsoft
  • Lanzamiento: 11/03/2015
  • Idioma: Español
  • Precio: 19,99 €

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