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Flamebound

Flamebound

OneShark es un estudio de desarrollo reciente y peculiar. Dentro de los apenas cuatro títulos que han publicado hasta la fecha, podemos encontrar unos claros patrones en común que les hacen desprender un aura muy característica.

En este análisis toca hablar de Flamebound: un juego de scroll lateral con tintes de acción, aventura y estrategia que, debido a su ambientación y al peculiar estilo gráfico (propio del estudio en cuestión) que propone, promete sumergirnos en un sentimiento de fantasía en el que poder perdernos tanto como queramos.

Si esta pérdida es un agradable paseo por donde quiera llevarnos el destino o una experiencia tan infame como buscar un cómic europeo en una tienda Game, es algo que se hablará a lo largo de este texto; pero por lo pronto, nunca está de más tener un poco de resina con la que imbuir vuestra espada y la compañía de una fiel hada que os cure en caso de caer malheridos, pues nos disponemos a adentrarnos en territorios oscuros e inciertos.

Flamebound

En Flamebound, tendremos que “forjar” un equipo de hasta tres personajes fantásticos con los que avanzar por las diferentes fases que se nos vayan presentando. En todo momento, nuestra misión será la de enfrentarnos a dichas pequeñas fases, numeradas como si fueran prácticamente “mini-niveles”, y superarlas.

Es de destacar la brevedad de estas fases, que no son más que pequeños parones en nuestro avance horizontal y unidireccional continuo en los que nos tocará derrotar a los enemigos propuestos. Una vez derrotados dichos enemigos, recogeremos la merecida recompensa de turno (oro y experiencia, nada nuevo) que más tarde nos servirá para mejorar a nuestros personajes en una agradable y calmada variedad de menús a la que accederemos cada vez que muramos.

Y es que, en Flamebound, el fracaso es una parte esencial si queremos avanzar en el juego. Si la barra de vida de todos nuestros personajes llega a cero, seremos automáticamente redirigidos a esta especie de “nexo” en el que, entre acometida y acometida, tendremos la oportunidad de enfrentarnos a la parte más “estratégica” de la experiencia.

Flamebound

Dentro de este entorno, se nos permitirá explorar las opciones disponibles para aumentar nuestra capacidad de éxito en el “campo de batalla”. Este es uno de los ejes principales sobre los que se sostiene el juego, y básicamente consiste en crear, fusionar, mejorar y equipar a nuestros luchadores, de modo que se fortalezcan y se adapten a nuestra propio estilo.

Se pueden obtener nuevos luchadores de dos formas: comprándolos en la tienda a cambio del oro que conseguimos como recompensa en las fases, o fusionando dos de los luchadores de los que ya disponemos. Este sistema se basa en el nivel y la categoría (tampoco nada nuevo) de cada uno de ellos. Cuanto más oro invirtamos en la tienda, mayor categoría tendrá el personaje que obtengamos. Si fusionamos dos personajes de la misma categoría, ascenderán a la categoría siguiente. Eso sí, si bien sabremos de qué categoría será el personaje resultante, existirá un importante factor aleatorio que determine exactamente qué luchador saldrá. El nivel también es relevante a la hora de determinar el rendimiento final, pero para nada tanto como estas categorías que mencionamos.

El tema de los objetos es notablemente más simple. Dispones de las típicas partes de armadura y armás básicas con las que suele equiparse cualquier guerrero de buen hacer, las cuales sirven para aumentar las estadísticas de cada luchador, pero no afectan en ningún momento de forma gráfica. Puedes hacerte con ellas al superar una fase o comprándolas con oro en la tienda.

Flamebound

Bien. Una vez explicadas por encima estas mecánicas, toca hablar de cómo funcionan de manera práctica; y es que es el lienzo que conforman todos estos trazos lo que podría no acabar de encajar del todo a largo plazo… ¿Pero por qué?

Bueno, Flamebound se basa en avanzar de una fase de breves segundos de duración a otra hasta que todos nuestros personajes se queden sin salud. Este no es un título tipo roguelike, por lo que, cuando decidamos volver a enfrentarnos a las fases, podremos elegir aparecer directamente en la última en la que nos hayamos quedado… o elegir cualquiera de las anteriores para retomar nuestro camino desde allí.

El problema de todo esto es que, en cuanto nos demos mera cuenta de cómo funciona todo, nuestra “aventura” pasará a consistir en jugar, morir, mejorar, farmear y morir un determinado número de veces… avanzar, morir, mejorar, farmear otra vez… y así indefinidamente.

Flamebound

Nada de ello debería suponer un problema real si el juego nos ofreciera las opciones suficientes como para que experimentáramos que algo de eso está mereciendo la pena y que no es una forma rematadamente artificial de establecer algo parecido a un “sistema de dificultad” (evidentemente, cuanto más avanzada sea la fase por la que estemos pasando, mayor será la dificultad que esta presente… al igual que las recompensas por superarla); lo cual no llega a fallar verdaderamente del todo hasta que nos encontramos con otros problemas.

Llegados a cierto punto, la progresión de nuestros luchadores será tan costosa de realizar, que no nos quedará otra más que farmear haciendo lo mismo una y otra vez y sin ningún interés añadido durante horas. De esta forma, el ritmo de juego se ralentiza a unos niveles tan extremos que termina por desmotivar al jugador, ya que todo acaba resumiéndose en dejar a tus luchadores farmeando fases en modo automático mientras haces cualquier otra cosa para pasar la espera.

Es necesario también comentar el sistema de combate. Sin irnos mucho por las ramas, sencillamente tiene un control tosco, que refleja de forma prácticamente ilusoria la habilidad del jugador y nos hace quedarnos como forma de juego permanente con el modo automático, en el que los personajes luchan solos, en cuanto descubrimos que existe.

Flamebound

Y no se puede negar que, pese a que se tome como un juego de casi completa “simulación” en ese aspecto y solo te dediques a dejar a tus personajes luchando por su cuenta, durante buena parte del principio de la experiencia se alcanza cierto equilibrio que consigue hacer de todo algo ciertamente satisfactorio. Pero todo empieza a derrumbarse cuando la mecánica de farmeo-mejora-avance se detiene y uno se percata de la notoria falta de mecánicas, profundad estratégica y variedad, que se planta ante nosotros como un abismo…

…Aunque no insalvable, ni mucho menos. Como acabamos de comentar, sí que el título resulta bastante satisfactorio antes de esto, y no podemos olvidar ni dejar de considerar algunos de sus puntos más fuertes y que no hemos citado hasta ahora; siendo dos de ellos el aspecto gráfico y la ambientación.

Gráficamente, la obra presenta un estilo que huele a pura animación artesanal, especialmente cercano a obras muy caricaturescas y algo más modernas, con puntos claramente inspirados en series como Hora de Aventuras. Se nota el mimo y el talento del equipo a este respecto, y no podemos más que aplaudirlo, pues junto al apartado sonoro y al resto de elementos implicados, se consigue, de una forma aparentemente sencilla, pero tremendamente efectiva, que el jugador se sienta inmerso en el mundo que se le plantea y esa sensación no se pierda por mucho que en otros momentos el interés por el juego decaiga sobremanera… Pero, al final del día, ¿son estas caídas lo bastante graves como para empañar el resto de la experiencia…? Bueno, no del todo.

Flamebound

Como decimos, el juego resulta francamente entretenido -incluso adictivo-, durante un número de horas considerable. Sí, es cierto que le faltan mecánicas y profundidad por todas partes para llegar a ser “algo más”, pero es que… estamos hablando de un pequeño estudio indie, con apenas cuatro juegos por un precio irrisorio de unos dos euros y que probablemente esté condenado a ser carne de bundle de aquí a una cantidad de tiempo no excesivamente breve.

Es justo por eso que, en mi humilde y personal consideración, lo que toca ahora es reivindicar esta clase de estudios tan pequeños que son capaces de hacer tanto con tan poco y que ofrecen sus productos primerizos, sin ser títulos para nada trascendentales, a precios prácticamente simbólicos con tal de mostrar algo de lo que son capaces de hacer al mundo y sin pretender compensar realmente la ingente cantidad de horas de trabajo que cargan sobre sus espaldas.

Son esta clase de saltos de fe titánicos los que permiten que, dentro de una industria con un mercado cada vez más saturado y plagado de obras sin personalidad y que se limitan a intentar reproducir la fórmula del éxito de otras, podamos, día tras día, seguir ilusionándonos como la primera vez que cogimos un mando.

Flamebound

Conclusión

Vale, tampoco es que Flamebound represente todas las maravillas divinizadas que se pueden llegar a alcanzar en esta industria, pero no deja por ello de atesorar un pedacito de esa esencia y de ser… qué diablos, hablemos claro: un juego repetitivo y que no te volará la cabeza, pero que, dado lo que ofrece por poco más de unos míseros dos euros, y en especial si te llama a primera vista, es uno de esos títulos que nunca está de más tener en tu biblioteca personal para darle una oportunidad en algún rato muerto y falto de inspiración.

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Nos consolamos con:

  • El acabado gráfico y sonoro.
  • Una ambientación que te atrapa.
  • Cuando coge ritmo, acaba siendo bastante adictivo…

Nos desconsolamos con:

  • …hasta que se tropieza con sus propios pies y parece que todo deja de funcionar.
  • Lo poco pulido que está el sistema de combate.
  • Hay pequeños errores por todas partes que embarran la impresión general.

Ficha

  • Desarrollo: OneShark
  • Distribución: OneShark
  • Lanzamiento: 27/06/2018
  • Idioma: Inglés
  • Precio: 2,39 €

Comentarios

  1. Soy muy fan de este estudio, he jugado bastantes horas a otro título de la compañía “Great Hero’s Beard” y tengo que decir que el toque que les da a todos sus juegos es bastante especial. El Flamebound está bastante bien, pero no me atrapó tanto como el anterior. Aunque por el precio, 1 o 2 euros es una compra más que bien invertida

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