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Cuphead “Don’t Deal With the Devil”

Cuphead

Tres años han tenido que pasar para tener entre nuestras manos uno de los títulos más vistosos y esperados por todo el mundo. Chad y Jared Moldenhauer, los creadores de Cuphead y fundadores del estudio independiente MDHR han tardado más de lo previsto en el lanzamiento de su primer juego. Cuphead es una obra que arrasa allá por donde pasa desde que fue anunciado en aquel E3 de 2014, en la conferencia de Microsoft claro, como juego exclusivo de Xbox One – ¿o quizás dijeron aquello de “Console Exclusive”? – El caso es que el título se esperaba para 2016 y sufrió varios retrasos que lo llevó, por una parte, hasta el día de hoy y, por otra, perdiendo la supuesta “exclusividad” de Xbox One para llegar también a Windows 10 – y recalco, Windows 10, si no, os vais a quedar con las ganas – por lo que, lejos de ser una mala noticia, el título ampliaba público potencialmente.

Parece mentira que ya lo tengamos aquí. Tras ese *cof cof* imposible tutorial donde aprendemos los movimientos básicos para afrontar la aventura, también vamos a descubrir la historia que hay tras el juego; de cómo Cuphead y Mugman pierden una mano contra el mismísimo diablo en un misterioso casino y de cómo deben salvar su deuda con el amo y señor del averno para no perder sus almas: debemos hacer que otros grandes enemigos firmen su condena con Satán.

Un Run’n Gun con más “Gun”que “Run”

Cuphead es un juego extraño, distinto, que mezcla muchos géneros de una forma un tanto peculiar, pero a la vez, familiar. Vamos por partes. La aventura se divide en tres mundos y un capítulo “Finale” en los cuales nos enfrentaremos a un montón de jefes finales. Lo primero que quiero destacar es que esto no es un juego de plataformas en su totalidad, no es una aventura 2D como puede ser Sonic Mania, por ejemplo. Si tuviese que calificar el género de Cuphead este sería un Shootem Up de jefes finales, un Boss Rush de toda la vida donde solo nos enfrentamos a bichos grandes y poderosos; un concepto que, si no lo relacionáis con ningún juego, Furi os puede sacar de dudas. Vamos, que no hay multitud de plataformas que saltar antes de llegar a ellos; nuestra misión es devolver ciertos contratos al mismísimo demonio y esos contratos solo se sellan al derrotar a estos entes.

Cuphead

El punto fuerte de Cuphead son las batallas contra los jefes finales, ya que lucharemos contra ellos de tú a tú por tierra o aire. Lo verdaderamente original de las batallas es que cada enemigo tiene hasta cuatro – o más – transformaciones y, en cada una de ellas, cambian radicalmente sus patrones de ataque, incluso su aspecto físico. Si alguna vez habíais escuchado que Cuphead era difícil, éste es el motivo. El constante cambio de patrones de ataque y nuestra constante adaptación al nuevo medio que se plantea hará que palmemos una barbaridad. Y esa es la gran virtud del juego, que las batallas son fabulosas, variadas, desafiantes y a la vez, animadas y divertidas gracias a su excelente apartado técnico. Me he tirado más de medio juego con una sonrisa en la cara y bailando la fabulosa OST del juego.

Pero Cuphead tiene más, en menor media, eso sí. El título de los hermanos Moldenhauer incluye varias fases de plataformas. Lamentablemente, estas fases ni son tan buenas ni abundan; parecen, más bien, un mero trámite para conseguir monedas de oro, el bien finito y necesario para comprar nuevas armas y potenciadores. Encontramos algún reto en las fases finales, en forma de jefe intermedio o secuencia de saltos y/o saltos combinados con habilidades como el parry o el dash, pero os aseguro que el groso del producto, lo que hace realmente atractivo al juego no son estas fases, desde luego.

Cuphead

Existen otro tipo de zonas repartidas por las distintas localizaciones del juego: los Mausoleos. Solo hay tres y completarnos nos otorga ataques especiales únicos. Para superar dichas localizaciones tendremos que perfeccionar la técnica del parry, algo que parece algo complicado al principio, pero que una vez controlado será esencial para poder salir airoso de situaciones peliagudas.

Fanservice para tus abuelos

El desarrollo y las mecánicas de juego quedan en un segundo plano cuando hablamos de Cuphead. Por tres motivos muy diferenciados. El primero es su diseño artístico, inspirado en la Época dorada de la Animación Americana, que tendría sus inicios más relevantes en 1929 de la mano de Walt Disney Cartoons gracias – en parte – al nacimiento de su particular estrella: Oswald, the Lucky Rabbit, y su posterior sucesor espiritual, Mickey Mouse. Uno de los éxitos más rotundos de la productora y de Mickey es, sin duda, The Barn Dance, una cinta que podéis reproducir gracias al bendito YouTube. Había mucho más trabajo detrás, y mucha burocracia; pero con esta cinta, digamos, se dio el pistoletazo de salida a esta época que se iniciaría a principios de los años 30 hasta, nada más y nada menos, finales de los años 60. Claro que, el éxito no llegó única y exclusivamente de la mano de Disney. Ellos fueron quienes abrieron la veda e inspiraron a montones y montones de dibujantes que trabajaban para otras productoras, como, por ejemplo, Warner Bros o la Metro-Goldwyn Mayer con nombres tan importantes como Hanna-Barbera.

Cuphead

Las animaciones, el diseño de los personajes, la ambientación; todo está recreado al detalle en Cuphead, pero hay algo que lo hace más especial si cabe y que supone el segundo punto a tener en cuenta al hablar del juego: El acabado postproceso. Cuando juegues al título notarás ese efecto desgastado, antiguo. Esta técnica responde al nombre de Technicolor, un proceso muy costoso en la que se añadía tres bandas de color que provocaba una mezcla sustractiva (que no aditiva) a la cinta y generaba este pintado tan peculiar. Flowers and Plants, también de Disney fue la primera cinta en incorporar esta mejorada técnica. Aquí, disfrutaremos de este efecto, dotando, aún más al juego, de ese “feel”, de ese sentimiento que conceptualiza de una forma totalmente distinta a lo que conocemos como juego retro.

Por último, y no menos importante, hay que destacar la banda sonora del juego, compuesta y dirigida por el joven Kristofer Maddigan, percusionista, batería y compositor canadiense y miembro de la Orquestra Nacional de Ballet de Canadá que también trabaja regularmente con otros entes de gran calibre como la Hannaford Street Silver Band o la Orquestra Sinfónica de Toronto. Es su primer trabajo en un videojuego, pero menudo trabajo; la banda sonora rezuma toda esa época, también dorada en los Estados Unidos géneros tan variados como el Bebop Jazz, la Música Clásica o Música Moderna – dentro del género de Música Clásica – donde su faceta más percusionista queda patente en gran parte de todas las piezas. Para mí, junto a la banda sonora de NieR: Automata, es lo mejor que se puede escuchar este año.

Cuphead

Con todos estos ingredientes, mezclados entre sí de forma tan fabulosa, conseguimos que Cuphead tape gran parte de sus defectos, y nos hace disfrutar de una aventura muy simpática, desafiante y bella para gran parte de nuestros sentidos. Esto es, una maldita obra de arte en movimiento.

Conclusión

Creía que con el motor gráfico UbiArt se había dejado el listón a un nivel casi insuperable. Cuphead ha demostrado que aún queda mucha creatividad y saber hacer en el sector de los videojuegos. Dos canadienses, hermanos, han sido los artífices de esta obra de arte en movimiento, de esta delicia técnica que traslada la metodología, artesana y meticulosa del dibujo americano de los años 30 a un videojuego, dejando intactos sus señas de identidad, sus exageradas animaciones, sus expresiones tan características; incluso han trasladado los complejos sistemas de reproducción de algo que hace 80 años era todo un privilegio: aplicar color a una película fotográfica. Y con todo este genial cóctel de assets, los Moldenhauer han sido capaces de moldearlos y transformarlos en videojuego, con múltiples géneros, con disparos a pie, por aire, con armas, subarmas, ataques especiales, y un largo etcétera de elementos que hacen de Cuphead no solo un juego vistoso, sino divertido, muy muy divertido.

Lo mejor del juego son los jefes finales. Sus cambios constantes de forma, sus patrones de ataque crean una atmósfera de tensión constante que provocará que erres muchas veces, ya sea porque aprendes los nuevos movimientos del villano contra el que te enfrentas, porque simplemente te dejas encandilar por los pequeños detalles del entorno, de los protagonistas que aparecen por la pantalla, o porque disfrutas con la banda sonora tanto que tu atención se va al garete. Sea como sea, Cuphead es un juego que se disfruta, porque tiene una ejecución muy directa y porque es una sobrada, una sacada de chorra.

Claro que, esta magistral ejecución, podría haber sido perfecta del todo. A Cuphead le faltan más y mejores fases Gunn Run que, aunque son divertidas y alguna en concreto requiere de mucha habilidad, no llegan al nivel de las boss fights. Además, el juego engancha tanto – pero tanto – que los tres mundos (y medio) de los que consta el juego te sabrán a poco, te enfadarán y pensarás que han desaprovechado la oportunidad de consagrarse como el mejor puto juego del año.

8

Nos consolamos con:

  • El apartado técnico y artístico es precioso, carismático; es una jodida obra de arte.
  • ELa banda sonora es una pasada, y ensalza la aventura aun más.
  • ELos jefes finales que tenemos que derrotar. Derrochan desparpajo, originalidad y dificultad.
  • ELa variedad de movimientos, armas, especiales y potenciadores.
  • ELa variedad de géneros que incluye el juego y lo bien que casan con la aventura.

Nos desconsolamos con:

  • Los diseños de los niveles Gun’n Run escasean y están varios escalones por debajo de las batallas contra los jefes finales.
  • Muy pocos mapas para tan preciosa aventura.
  • Esperaba más importancia de los NPC que encuentras en el juego, nada grave.
  • Algunos fallos de navegación en los menús y algún que otro hitbox injusto, sobretodo en las fases aéreas.

Ficha

  • Desarrollo: StudioMDHR Entertainment
  • Distribución: StudioMDHR Entertainment
  • Lanzamiento: 29/09/2017
  • Idioma: Inglés
  • Precio: 19,99 €

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