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Betrayer

2014-03-20_00001Centrado en la costa norte americana de principios del siglo XVI, Betrayer nos reta a resolver una serie de misterios sobrenaturales que están aconteciendo durante la invasión inglesa de la época. Pero esta no es la misión de un detective, si no de un aventurero que las pasará canutas derrotando a los Conquistadores españoles que ocupan la región. Un juego de tensión, más que de horror, donde el sigilo y la suerte jugarán un aspecto importante de cara a la supervivencia.

Blackpowder Games es el estudio independiente detrás de juegos como F.E.A.R., y con Betrayer tampoco nos quieren dejar indiferentes. En primer lugar, este título destaca por su controvertido aspecto artístico. Betrayer es un shooter principalmente en blanco y negro, cuyo rojo se reserva para los enemigos y la misteriosa “doncella de rojo”. Todo esto usando el contraste al máximo y gran saturación. La mezcla de falta de color con un entorno natural que de otra forma estaría dominado por su verde tranquilizante, junto con un sonido minimalista, genera una gran sensación de tensión que nos hace estar a la defensiva constantemente. El resultado es un juego con un toque artístico único, especialmente sobrio.

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Sin embargo, en Betrayer no daremos saltos debido a sustos, sino que generalmente oiremos los enemigos cuando aun hay bastante distancia entre ellos y nosotros. El sigilo es mucho más importante que la pericia con nuestras armas y es que nuestro arsenal está tremendamente limitado. Las armas disponibles son las de la época: arcos, pistolas y mosquetes, y la munición es escasa. Esto hace que tengamos que pensar en cada momento como enfocar una determinada situación. Por ejemplo, el arco es el arma que más rápido podemos usar, la más sigilosa y la que más distancia alcanza, pero también la que menos daño causa a los enemigos y sus armaduras. Por otro lado, la pistola es ideal a corta distancia, cuando el enemigo se abalanza corriendo sobre nosotros y el poderoso -aunque ruidoso- tiro es la última solución ante la muerte inevitable. Si fallamos, es muy probable que tengamos que huir mientras recargamos la pistola, que puede tardar varios segundos eternos.

Una vez un enemigo nos detecta hay muy poco espacio a error. Sus ataques son especialmente potentes y un par de tiros o flechazos nos pueden derribar. La tensión se dispara si nos avistan, algo que se indica con un grave y estremecedor golpe de tambor al que le sigue el fuerte sonido de nuestros latidos mientras pensamos cual es la mejor estrategia para cada situación.

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Enfrentarse a varios enemigos a la vez es aún más complicado y a menudo la mejor forma de resolver la situación es ir retrocediendo de espaldas mientras vamos afinando nuestra puntería. Los enemigos nos persiguen incesantemente, aunque podemos llegar a escaparnos si corremos lo suficiente o nos escondemos. Así pues, lo mejor es derribar a los enemigos uno a uno, aprovechando que no nos han detectado, ya sea a distancia o acercándonos por la espalda para darles un cuchillazo. Podemos aprovechar las constantes ráfagas de viento, cuando árboles y maleza se agitan produciendo un sonido que puede ocultar nuestro avance.

Así pues, el aspecto sonoro no es puramente un efecto artístico, sino que es fundamental para movernos por estas tierras en blanco y negro. A parte de enemigos y viento, cuando nos acercamos a objetos de interés, un sonido constante indica su posición. A menudo, esta es la única forma de encontrar cosas como cofres con tesoros, así como mensajes u objetos de interés. Es muy recomendable jugar a Betrayer con cascos o, mejor, con soporte surround, pues la dirección del sonido ha sido acentuada para ayudarnos con nuestra navegación.

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Betrayer puede resultar confuso en el sentido que no hay una historia principal, sino que más bien debemos ir recogiendo pistas para ayudar y entender que ha sucedido en la región. El juego se divide en varias zonas, desde la playa inicial donde el camino es bastante lineal a modo de introducción, a varios escenarios donde encontraremos fuertes ingleses y poblados. Es en uno de estos donde encontraremos la campana que nos permite cambiar al Overworld, un estado entre la vida y la muerte donde encontraremos almas en pena a las que ayudar, además de nuevos enemigos como esqueletos. Si de día el juego nos llena de tensión, el Overworld es una noche perpetua con niebla y llena de corrupción. Por ejemplo, una de las misiones principales pasa por encontrar varios tótems y eliminar su corrupción de cara a desbloquear la palizada que nos separa de la siguiente zona.

Si perdemos toda la vida, cosa que sucede bastante rápido a no ser que activemos un modo especial donde los enemigos causan menos daño, dejaremos caer todas nuestras riquezas y apareceremos en el último punto de guardado en zonas que vamos descubriendo en cada mapa. Como en el Dark Souls, tenemos la oportunidad de recuperar nuestras pertenencias si alcanzamos dicha posición de nuevo sin perder la vida. Por lo general, a no ser que vayamos de kamikazes no hay problema, pues los enemigos que nos han derribado vuelven a su posición original, por lo que nuestra bolsa estará accesible. Esto es algo que me confundió inicialmente, el hecho de que los enemigos “revivan” si nosotros morimos. Aunque no lo hacen todos, sino aquellos que nos separan del siguiente objetivo como los que ocupan el fuerte que queremos ocupar.

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Los enemigos, en general, no son muy listos y se limitan a seguir patrones muy determinados. Cuando no nos han detectado caminan arriba y abajo siguiendo el mismo patrón de patrulla, algo que nos permite estudiar sus movimientos de cara a plantear el mejor ataque sorpresa. Si nos detectan, se limitan a correr tan nosotros sin preocuparse por encontrar cobertura ninguna. Aunque no importa demasiado ya que nos derribarán bastante rápido.

En Betrayer, disponemos de un simple sistema de inventario donde podemos seleccionar nuestras tres armas favoritas y asignarlas a sus teclas rápidas correspondiente, así como hasta tres amuletos que mejoran nuestras habilidades, como la fuerza o el sigilo. La verdad es que la interfaz gráfica es uno de los aspectos menos cuidados, con un aspecto moderno que a mi parecer contrasta negativamente con el aspecto colonial del juego.

Como el aspecto en blanco y negro no parece gustar a todos los públicos, los desarrolladores han añadido la posibilidad de poder ajustar el nivel de contraste, saturación y cantidad de color, así que es posible conseguir cambiar el aspecto del juego en cualquier momento desde el menú. Aunque jugar en color le da a Betrayer un aspecto más de juego del montón y yo personalmente me quedo con el blanco y negro y el juego de luces y sombras. La experiencia es muy diferente.

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Conclusión

Irónicamente, Betrayer es un juego sin grises en el sentido que te encanta o simplemente no lo puedes tragar. Con su aspecto visual distintivo y su sonido minimalista nos encontramos delante de algo nuevo y atrevido.

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