XCOM: Enemy Unknown

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Robert de Niro se esconde tras unas cajas en posición de guardia. Su objetivo es dar cobertura al resto del nuestro pelotón de XCOM que se dispone a correr hacia la biblioteca abandonada que tenemos en frente. Arnold Schwarzenegger aprovecha el momento para correr, ametralladora en mano, y llegar junto a la ventana. Todo sigue tranquilo. No hay rastro de alienígenas en el perímetro del edificio. Así pues, nos confiamos y le pedimos a Kim Kardashian que salte a través de la ventana para echar un vistazo dentro.

Craso error.

El ruido de cristales rotos alerta a un grupo de Sectoides, unos aliénigenas que recuerdan a los marcianitos de serie B, que corren a refugiarse. Nuestro turno se acaba y la Kardashian se queda ahí en medio, sin cobertura, justo cuando le empezaba a coger cariño después de un par de misiones con éxito y su promoción a sargento. Ahora les toca mover ficha a nuestros enemigos del espacio exterior. Las horas de Kim están contadas.

Al final resulta que esta chica no sirve para nada. Los Sectoides hacen alarde de gran puntería y nuestra querida Kardashian fallece… permanentemente. Mejor cargar una partida anterior… ah no, que estoy con el modo “Hombre de hierro” donde únicamente contamos con una partida que se va guardando automáticamente. No hay vuelta atrás. Mejor que al siguiente soldado que recruite le busque un mejor referente.

XCOM es así, brutal y sin tregua, especialmente si jugamos en la dificultad Clásica (apta para expertos), activando la función “Hombre de hierro” (apta para enfermos mentales con mucho tiempo que perder). Tengo que admitir que en dicha combinación de dificultad perdí la partida en unas pocas horas, como ocho o así, en un mar de lágrimas y humillación. Ocho miembros del consejo habían retirado el soporte al proyecto XCOM, tras reiteradas misiones fallidas a lo ancho y largo del mundo. Los nuevos reclutas eran pura carne de cañón. Había llegado el momento de dejar la chulería y prepotencia atrás. No estaba realmente preparado para el “Hombre de hierro”. Treinta y pico horas después (y guardando partidas diferentes al inicio de las misiones “por si las moscas”) conseguí finalmente llegar al final del juego tras mucho sudor y concentración.

También existe la posibilidad de jugar con niveles de dificultad más fáciles, pero personalmente creo que uno de los factores más viciantes de XCOM es nuestra eficacia táctica frente a situaciones hostiles desconocidas donde un paso en falso puede hacernos querer lanzar el teclado contra la pantalla. Y lo contrario, vencer la amenaza alienígena nos hará saltar de alegría en celebración de nuestra pericia y capacidad militar. Hasta que perdamos a Scarlett Johanson, o algún otro recluta aleatorio.

¿Scarlett Johanson? ¿Kim Kardashian? Es lo que tiene XCOM, donde controlamos a un grupo de seis soldados sobre los que podemos escoger un nombre y personalizar su aspecto y color de armadura. Los soldados son reclutados sin historia ni biografía, pero esto hará que desarrollemos nuestra capacidad de crear nuestras historias personales. Debido al peligro constante y la posibilidad de perder a alguien permanentemente hará que se establezcan potentes lazos virtuales entre nosotros como jugadores y nuestro pelotón de héroes.

El juego nos sitúa en un futuro próximo donde los alienígenas están asustando (y destruyendo, claro) a las gentes del mundo. XCOM es un proyecto secreto cuyo objetivo es vencer contra esta amenaza. En nuestra base bajo tierra deberemos construir varias instalaciones para ayudarnos en la investigación de nuevas tecnologías, interrogatorio y autopsias de enemigos capturados durante la batalla, creación de multitud de objetos y armas por parte de los ingenieros o incrementar nuestra capacidad de satélites. Los satélites son fundamentales y al desplegarlos sobre los varios paises del mundo que forman parte del Consejo de XCOM.

Con el paso de los días, alertas de abducciones aparecerán sobre el mapa. Debemos escoger que pais socorrer de entre los tres de continentes diferentes que se nos proponen. Vencer los alienígenas en dicho pais hará reducir su nivel de alerta y conseguir algún premio económico o de recursos, mientras que las cosas empeorarán en los otros dos paises y continentes. Si “a final de mes” algún país se encuentra en alerta crítica, dicho país abandonará el Consejo. A la que lo hagan ocho paises se terminará la partida.

Debemos dedicar nuestro presupuesto limitado en mejorar la base, fichar a nuevos reclutas, entrenarlos en la academia de oficiales o desbloquear nuevas capacidades en la fundición. Además, podremos comprar nuevas armas para los soldados o los cazas para interceptar OVNIs enemigos que podrán ser detectados por aquellos satélites que hagamos desplegado.

Así como en muchos juegos la capacidad económica mejora considerablemente con el tiempo, con XCOM no tenemos dicha sensación. Siempre habrá multitud de historias en las que gastar dinero teniendo que tomar decisiones casi a vida o muerte. No podemos quedarnos sin dinero, por ejemplo, porque si los soldados se lesionan (o mueren) en el campo de batalla no estarán disponibles para la siguiente misión y tenemos que pagar el precio de reclutar nuevas tropas. Por suerte, el mercado gris existe para poder vender algunos de los artilugios y cuerpos de alienígenas recuperados en las misiones.

La mayor parte de tiempo en XCOM: Enemy Unknown la pasaremos realizando diversas misiones que van desde recuperar OVNIs derribados (eliminando primero a su tripulación) al salvamento de civiles. La variedad hace que estemos motivados en todo momento.

Los movimientos se realizan por turnos. Cada uno de nuestros soldados puede tener capacidades diferentes y ser de distinta clase. Los puntos de acción del clásico original de hace casi 20 años (y del cual tengo un tremendo recuerdo) han sido simplificados y sustituidos por un sistema de movimientos más básico. Los soldados tienen la opción de correr y alcanzar lugares más lejanos, pero si lo hacen perderán la posibilidad de avanzar menos y disparar al enemigo o ponerse en estado de guardia. Por ejemplo, los francotiradores no pueden avanzar y disparar inicialmente.

Sin embargo, cada clase tiene la oportunidad de promocionarse al terminar las batallas con éxito. Dicha promoción aporta la posibilidad de desbloquear nuevas habilidades, como puede ser la posibilidad de esquivar siempre la primera ráfaga de fuego enemigo disponible en el soldado de clase Asalto.

Todo esto permite gran creatividad en nuestra táctica a lo largo del mapa. Podemos optar por fuego a distancia con los francotiradores y situarlos en puntos más altos estratégicamente, o bien podemos llenar nuestro escuadrón de soldados de clase Pesada, con menos puntería, pero más resistentes y con un misil que hará las delicias de los que ansian la destrucción total.

XCOM es un juego de decisiones constantes, cuyo resultado puede ser desastroso, aunque no necesario inmediatamente. Una mala estrategia inicial, hará que no estemos preparados cuando los alienígenas atacan con más fuerza (y lo harán). Buen balance y constancia son esenciales, porque nos esperan partidas de largas horas.

Pero pasaremos tantas horas que puede que al final los mapas se empiecen a repetir. Aunque los enemigos no sean los mismos necesariamente, uno echa en falta a veces que no se haya optado por un diseño procedural donde cada nivel es siempre diferente. Los mismos mapas puede que le quiten emoción a largo plazo, aunque permiten que los estudiemos bien para poderlos rejugar a mayores niveles de dificultad.

Algún que otro defecto también encontraremos, especialmente en mapas donde hay varios niveles. Aunque el movimiento requiere dos clics del ratón, no será la primera vez que me equivoco y envío a algun soldado al sitio equivocado a afrontar una muerte segura. Algo perdonable si podemos cargar una partida anterior, pero realmente deprimente si nos hace perder permanentemente a un coronel que nos ha costado sudor promocionar. El sistema para lanzar granadas o misiles tampoco acaba de funcionar realmente bien en PC, y a menudo estaremos un rato peleándonos con cámara y ratón para escoger el lugar deseado.

Conclusión

XCOM: Enemy Unkown es el remake del clásico de culto del mismo nombre, que apareció a mediados de los 90. El juego es muy fiel al original, por lo que los fans no se sentirán defraudados tras años de espera. Para aquéllos que os venga de nuevo, XCOM es un excelente juego de acción táctica por turnos de la mano del estudio detrás del Civilization. Es tremendamente adictivo, especialmente con las posibilidades de ir mejorando a nuestro pelotón e ir descubriendo las sorpresas que los alienígenas nos tienen preparados. El modo de juego “Hombre de hierro”, donde no podemos usar partidas guardadas, supone realmente el reto a superar, donde la pérdida de nuestros soldados es permanente y un par de errores nos puede costar la partida después de largas horas, algo a lo que no estamos acostumbrados últimamente. XCOM es un título donde las decisiones y nuestra capacidad táctica son fundamentales. Esta es una época donde salen juegos realmente buenos y XCOM: Enemy Unknown es uno de ellos.

Y por favor no me hagáis la Kim Kardashian de la introducción: la cobertura es esencial.

Lo mejor:

  • Tremendamente adictivo. Las horas pasan volando.
  • Customización de las tropas, que permite imaginar sus historias personales.
  • Decisiones con consecuencias reales a asumir.
  • Perder permanentemente a un soldado es una experiencia inolvidable (en el modo “Hombre de hierro”).
  • Sensación de riesgo y peligro.

Lo peor:

  • A la larga (muy larga) los mapas se repiten.
  • El lanzamiento de granadas hará que nos peleemos un rato con la cámara.

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