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State of Decay

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    Por todos es conocida la popularidad de la temática zombie en los últimos años, en el ámbito cinematográfico, televiso y sobretodo en el mundo del videojuego. Últimamente tenemos zombies hasta en la sopa, con propuestas que giran constantemente en torno a la misma idea, lo cual desemboca en afirmaciones a cerca de una saturación del género. Lo que sí es cierto es la poca credibilidad que está empezando a ganar la temática, dónde pocas obras han sabido transmitir esa esencia de supervivencia que supuestamente debería ser el punto de partida (¿acaso sobrevivir no sería vuestra prioridad en un mundo devastado, antes de liaros a tiros para ver quién revienta más cabezas de no-muertos?).

    Eso mismo debió ver Jeff Strain para fundar en 2009 Undead Labs y embarcarse en este proyecto llamado inicialmente Class3. Una idea que surgió de las conversaciones y debates en la barra del bar después de haber visto la última peli de zombies en el cine y después de estudiar la oferta de videojuegos del género y ver que pocos transmitían esa experiencia de la supervivencia que bien podemos ver en 28 días después o The Walking Dead. De hecho, este último es un buen referente comparativo para saber lo que nos encontraremos en este juego.

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    No solemos empezar un análisis por la parte técnica, pero permitidme que haga una excepción, puesto que el título ha contado con unos valores de producción modestos que lo han mermado de forma considerable con un apartado pobre y lleno de bugs (más propio de la generación pasada). Por ello hay que saber tratarlo como lo que es antes de juzgarlo por no llegar a esas cotas de calidad de un triple A (sin duda no sería nada justo). Los desarrolladores no han permitido que esta escasez de recursos disminuyan sus ambiciones a la hora de plasmar su idea de “juego de zombies”, una percepción que pasaba por dibujar un mundo abierto.

    State of Decay no es otro título de zombies más, es un juego de supervivencia en un entorno hostil

    Es innegable que el juego está lleno de bugs y errores por todas partes: popping con elementos que se crean delante de nuestras narices, clipping con zombies que atraviesan paredes y quedan atascados, serios problemas de frame-rate (en coche vamos a 15fps), tearing a mansalva, texturas planas que desaparecen como por arte de magia y demás errores (y para colmo empeoraron con el primer parche). Si sabéis dejar de lado y perdonar estas carencias lograréis disfrutar de su magnífica experiencia de juego y os daréis cuenta que es lo más cercano a la realidad en un juego de esta temática. Resulta paradójico ver lo que llega a enganchar y no poder soltar el mando pese a lo “feo” que resulta el juego y su torpe IA. Así se explican las 250000 copias que se vendieron en sus primeras 48h y las más de 500000 en su primera semana.

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    State of Decay no es otro título de zombies más, es un juego de supervivencia en un entorno hostil (de mundo abierto) con la figura de los no muertos como protagonistas, dónde lo importante no son estos sino las personas y sus relaciones. Un título que refleja a la perfección todas esas necesidades de un mundo infestado y devastado por la fiebre negra y, hasta cierto punto, que podríamos catalogar como una simulación de supervivencia. Este es el pilar en el que se basa todo el juego: tomar decisiones para sobrevivir, aprender a manejar tus recursos, interactuar con otros supervivientes, y sí, también matar zombies.

    En esta ocasión no encarnamos a un único personaje sino que vamos cambiando para darle descanso, bien porque nuestro nivel de cansancio (distinto del nivel de vida) está por los suelos debido al paso de las horas, o bien porque nos hieren de gravedad. Debemos aprender a convivir con decisiones que ayudarán o perjudicarán a nuestra comunidad, prescindir de nuestro personaje si este muere para usar otro superviviente, perdiendo las habilidades y atributos adquiridos (una práctica que ya pudimos ver en Zombie U, por ejemplo), especializar a nuestra gente en ámbitos distintos para tener un grupo diverso y polivalente, o priorizar ciertas tareas en detrimento de misiones, todo con el objetivo de preservar a nuestro grupo de supervivientes.

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    El juego también introduce elementos de RPG para las habilidades de los personajes, un interesante sistema de moralidad, ciertas necesidades más típicas de los Sims (nuestra comunidad tiene que comer y descansar) o cliclos de día/noche. Conceptos que se fusionan con un equilibrio preciso y que dan como resultado situaciones sencillamente realistas: gente que muere porque se acaban las medicinas, motines por falta de comida (¿qué tal si os creáis vuestro huerto para que esto no suceda?), necesidad de buscar un refugio más grande por falta de espacio y fortificarlo (subiendo así la moral del grupo) o ganarse la confianza de los supervivientes para que se unan a nosotros, por poner algunos ejemplos.

    Hay muchas tareas por hacer y todas tienen su motivo, nada está puesto ahí de relleno para entretener y alargar absurdamente el juego. Si no limpiamos las casas infectadas cercanas a la base corremos el riesgo de ser atacados y perder algún compañero (esto puede suceder estando en alguna misión), crear bibliotecas y gimnasios mejorará la inteligencia (encontraremos objetos más rápido) y el nivel de cansancio de los supervivientes, o animar a nuestros compañeros saliendo a matar alguna horda de zombies para subir su moral y evitar que creen algún conflicto (¡hasta crean motines!), entre otras cosas.

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    Por otra parte, que el estilo sandbox no os nuble la vista, puesto que aquí hacer el cafre tiene sus repercusiones: coger un vehículo y atropellar zombies no siempre sale bien, puesto que nuestro parachoques se rompe y acabamos rodeados de muertos vivientes porque, claro está, estos reaccionan al ruido y las tartanas que encontramos no son precisamente silenciosas. Ahí es donde toma especial importancia el sigilo, ya sea al moverse o al saquear campamentos en busca de munición o algún botiquín, pues siempre es mejor pasar desapercibido (aunque la IA enemiga tampoco es ninguna maravilla).

    State of Decay requiere cierto tiempo de adaptación, paciencia para aclimatarse a su ruda interfaz, aprender sus mecánicas y meterse en su historia. Tareas que en un principio no resultan fáciles dada la ausencia de un tutorial o de unas mínimas explicaciones acerca de lo que sucede o de qué hacemos ahí (sabemos que ha habido una epidemia que ha pillado por sorpresa a la población, aunque el juego solo se centra en un pequeño valle). Los gráficos y todo ese olvidable despilfarro técnico tampoco ayudan a la hora de darle la oportunidad que merece, aunque ya os digo que una vez superada esta barrera nos damos cuenta de todo ese entramado jugable que esconde el juego.

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    Conclusión

    Undead Labs demuestra que con pocos recursos y buenas ideas bien ejecutadas se puede hacer un producto que nos ofrezca una experiencia rica, profunda y divertida. Un juego ambicioso, con un complejo y profundo entramado jugable y unas reglas que funcionan con una precisión casi quirúrgica. Una pena que ese descuidado apartado técnico le llegue a pasar tanta factura, porque estamos ante una propuesta de lo más interesante del género.

    State of Decay sienta las bases para crear la experiencia definitiva del apocalipsis zombie, que muy probablemente llegue con su secuela (Class4). Puede que no invente nada, pero toma prestados aquellos elementos del género que han funcionado en sus respectivos títulos para crear un cóctel explosivo de diversión, problemas técnicos, buenas ideas y algo de monotonía.

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    Nos consolamos con:

    • Experiencia divertida y profunda
    • Ambientación y esa sensación de agobio y tensión constante
    • Un juego muy ambicioso para la plataforma en la que ha nacido (Xbox Live)
    • Esa combinación de simulación con toques de RPG y estrategia es maravillosa
    • Cantidad de tareas y rincones por explorar en este vasto mundo creado

    Nos desconsolamos con:

    • Precario apartado técnico, poco trabajado y lleno de fallos
    • Ausencia de juego cooperativo
    • Sistema de combate muy mejorable

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