Impresiones de Sekiro: Shadows Die Twice. El monje corrupto muere tres veces

Sekiro Shadows Die Twice

No soy el mayor fan de los juegos de From Software (bueno, sí de Armored Core, pero no es que tenga mucho que ver con los Souls), pero durante la Gamescom, Sekiro: Shadows Die Twice me enganchó bastante. En esa demo, me centré en la primera parte y en la zona oculta, por lo que no llegué al jefe final del que todo el mundo hablaba, el dichoso Monje Corrupto. Por suerte, durante la Japan Weekend de este fin de semana, Activision ha llevado la misma demo (realmente todo lo que han mostrado del juego al público) la feria para que el público pueda probar de antemano este nuevo estilo de juego, que se aleja por completo de lo visto en Bloodborne Dark Souls.

Algo que todo el mundo pudo comprobar era que, pese a la mecánica de resucitar, Sekiro: Shadows Die Twice va a seguir siendo tan desafiante como los anteriores trabajos del estudio, aunque de una forma bastante diferente. Esto lo pude comprobar al centrarme en mi tiempo con la demo por completo en el jefe final, que ofrecía una pelea difícil pensada para que te habitúes a las nuevas mecánicas del título, pero que sobre todo, es sencillamente espectacular.

Esta pelea tiene lugar en un puente, por lo que no estamos en una arena con una gran maniobrabilidad, teniendo que tener muy en cuenta la anchura del puente y nuestra posición, ya que si no tenemos cuidado, no podremos realizar una esquiva hacia atrás. Porque sí, en Sekiro las esquivas son muy importantes, pero no es lo más importante del sistema de combate.

Sekiro Shadows Die Twice

Como ya sabréis, no hay ninguna barra de resistencia que restrinja nuestros movimientos de ataque y defensa. En su lugar, tenemos una barra de «bloqueo», que nos indica lo que podemos bloquear ataques de modo normal. En mi anterior tiempo con la demo no llegué a entender muy bien este sistema, pero tras saber más del juego (sobre todo gracias a la cobertura de GameInformer de hace unas semanas), vi que la clave en Sekiro no es solo esquivar y bloquear, sino también realizar un parry en el momento adecuado. La idea es leer los movimientos del oponente, para que nuestras espadas (o armas) choquen como en las películas de samuráis. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, ya que el bloqueo lo tenemos que realizar en el último momento posible. Si lo hacemos, veremos unas chispas salir de las espadas, ya que hemos hecho este «choque» tan peliculero, y tendremos dos ventajas adicionales: nuestra barra de bloqueo no se verá afectada, pero la del oponente sí.

En este jefe final, lo importante no es acabar con su barra de vida, sino realizar una ejecución. Para ello, tenemos que llenar su barra de bloqueo, a base de ataques y parries. Si nuestra barra de bloqueo se llena, entonces nuestros bloqueos normales serán inútiles, por lo que nos comeremos el ataque con todas las de la ley. Además, hay algunos ataques que no se pueden bloquear de forma normal, por lo que o realizamos el parry, o mejor esquivar.

Los combos del Monje Corrupto tienen diferentes rangos y velocidades, por lo que realizar un parry perfecto para estos choques de armas es más complicado de lo que puede parecer inicialmente. Ahora bien, cuando lo logramos, te entra una satisfacción enorme, y notas justo lo que From Software quiere transmitir: que estamos en una épica pelea de una película de samuráis. De hecho, las hojas y ramas que hay a nuestro alrededor se pueden ver afectadas por los ataques, lo que añade un toque más cinematográfico a la pelea todavía. Es algo que me encantó en el gameplay de Ghost of Tsushima, y que me vuelve a enamorar en Sekiro: Shadows Die Twice.

Sekiro Shadows Die Twice

Una peculiaridad del jefe es que no solo tiene una barra de vida, sino que tiene un total de 3. Para pasar de una a otra, hay que realizar una ejecución llenando su barra de bloqueo. Si antes reducimos su vida, estará noqueado para que, a base de espadazos, podamos ir aumentando su barra de bloqueo con mayor facilidad. Eso sí, si solo estamos a la defensiva, veremos como su barra de bloqueo se va reduciendo, lo que nos fuerza a ser listos con elegir cuándo atacar, pero sin dejar de hacerlo.

Con cada nueva barra de vida, el Monje Corrupto entrará en una nueva fase, lo que significa nuevos patrones de ataque. Cada nueva fase es más desafiante que la anterior, aumentando su frecuencia de ataque y la potencia de sus combos. Todo mientras la música se hace más intensa, lo cual aumenta, una vez más, el toque cinematográfico, sin quitarnos el control del personaje en ningún momento.

No lo voy a negar, morí muchas veces en el combate, tanto pudiendo resucitar para seguir luchando, como teniendo que volver al punto de control. Esto hace que, a la larga, el combate pueda ser incluso un poco más difícil si dependemos de la mano artificial del protagonista, ya que el hacha o el poder lanzar ataques de fuego usan un consumible que no se recarga con cada reaparición, al contrario que los frascos de vida, lo que al mismo tiempo, nos «fuerza» a aprender a jugar como quiere Sekiro. Esto hizo que, al principio, no pudiera realizar un parry bien, pero para cuando al final logré derrotar al jefe, podía hacer algún parry, lo que combinado con alguna esquiva (dos parries seguidos fue mi máximo, y en su tercer ataque cuando cambiaba el ritmo de golpeo, me reventaba), me permitía mantener a raya a semejante monstruo.

Sekiro Shadows Die Twice

Algo que me encantó es que la verticalidad también jugaba un papel fundamental en este combate. Durante la segunda y la tercera fase, el jefe puede llenar toda la zona con niebla, para atacarnos con sus sombras, sin dejarnos mucho espacio para esquivar sus ataques, y mucho menos contraatacar. Sin embargo, gracias al gancho, podemos subirnos a las copas de los árboles del área de combate. Esto no significa que estemos completamente a salvo, ya que sus ataques tienen un gran rango de acción, pero sí nos permiten esquivarlos con mayor facilidad si no paramos de saltar como si fuéramos un mono. Esta táctica incluso nos permite realizar una ejecución aérea para acabar con una de sus barras de vida de forma instantánea, ya que si no nos golpea, se quedará un poco agotado por lanzar tantos ataques, y será nuestro momento de actuar.

Este es otro de los motivos por los que el jefe me parece tan espectacular, y es una forma perfecta de acabar esta demostración: es un examen para todo lo que se ha podido ir experimentando poco a poco en la demo, además de servir como muestra de cómo de diferente es Sekiro: Shadows Die Twice respecto a los demás juegos de From Software.

Sekiro Shadows Die Twice

Ya me gustó mucho la demo de Sekiro: Shadows Die Twice cuando la probé en la Gamescom, al poder ver la mayor agilidad respecto a BloodborneDark Souls, la verticalidad y el sigilo. Sin embargo, me quedé con la espinita clavada de luchar contra el jefe final de la demo (de nuevo, sin contar con el jefe de la zona oculta, que es para dar de comer aparte), y poder hacerlo ahora me ha dejado más encantado con el juego. Estamos ante un título desafiante pero que recompensa su estilo de lucha a lo samurái de crear choques entre las armas, la verticalidad y nuestra inteligencia, ya que la fuerza bruta no nos llevará a ningún lado. Lo dicho, apenas he tocado un Dark SoulsBloodborne, pero tras esta toma de contacto con Sekiro: Shadows Die Twice, tengo muchas más ganas de probar la versión final de From Software, ya que puede ser el título perfecto para los que somos fans de la acción sin necesidad tantas restricciones jugables típicas de los Soulsborne. Eso sí, preparaos para morir muchas veces, ya que las sombras morirán dos veces, el monje corrupto tres veces, pero nosotros lo haremos mucho más.

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