Recordando los mejores juegos de Kinect para Xbox 360 y Xbox One

Kinect

Puede que se haya llevado muchos palos desde que se lanzó por no cumplir las expectativas de lo presentado como Project Natal, pero siempre he sido un gran defensor de Kinect, tanto en Xbox 360 como en Xbox One. De hecho, la cámara fue el motivo por el que me hice con ambas consolas, tras probar varios de sus juegos y acabar totalmente rendido a sus encantos.

Por esto, me entristeció mucho ver el reducido apoyo que ha recibido la cámara esta generación en los últimos años, para finalmente dejar de producirse a finales de 2017. El último clavo del ataúd de Kinect se ha dado este inicio de 2018, al dejar de producirse también el adaptador necesario para usarlo en los últimos modelos de Xbox One. Así que, como despedida, no quería dejar la oportunidad de recordar los mejores juegos del dispositivo, que siguen siendo muy disfrutables a día de hoy tanto en Xbox 360 como en Xbox One. ¿Cuáles son vuestros juegos favoritos?

Dance Central/Just Dance

Just-Dance

Voy a empezar por mi género favorito dentro de Kinect: el baile. Siempre había disfrutado de los Dance Dance Revolution (aunque se me daban bastante mal), con que cuando se lanzaron ambas sagas para Kinect, no pude dejar de bailar. Personalmente, siempre he sido más de Dance Central gracias a su mayor complejidad, curva de aprendizaje y espectaculares coreografías, pero para disfrutar con los amigos, Just Dance no tiene rival con sus bailes locos por parejas o en grupo.

Es cierto que la saga de Ubisoft (y que todavía sigue teniendo un éxito increíble en todas las plataformas) se puede jugar sin Kinect, pero poder moverte delante de la pantalla sin ningún tipo de dispositivo, y que el juego te reconozca de forma más o menos precisa los movimientos, es algo que nunca deja de asombrarme. Además, esto lo hace tremendamente intuitivo y fácil de utilizar, lo que ayuda a evitar posibles lanzamientos de móviles. No me avergüenza decir que he echado muchísimas horas a ambas sagas (sobre todo a Dance Central), ya que empezar con pases más torpes que los de un borracho yendo a la pata coja, para después de bastante práctica, hacer algo similar a una coreografía de verdad, es sencillamente increíble. La sensación de superación es indescriptible, ya que no es algo que has hecho con un simple mando, sino con todo tu cuerpo, y si lo haces siempre mientras te lo pasas en grande al ritmo de grandes temazos, mejor todavía.

Child of Eden

Child of Eden

No me alejo mucho de la música en esta segunda recomendación, ya que este sucesor espiritual de Rez es sencillamente increíble. En cualquier versión Child of Eden es un auténtico placer para los sentidos, gracias a la música que escuchamos, los efectos de luces de los que somos testigos y el viaje que nos presentan en cada fase mientras disparamos auténtica música.

Aunque se puede jugar con mando, como más se disfruta el título es sin lugar a dudas con Kinect, ya que la experiencia pasa a ser algo realmente mágico. Mientras jugaba, me movía al ritmo de la música al disparar con mis manos, y me metía tanto en la partida, que era como si estuviera dentro del juego. Hace poco dieron el juego en Games with Gold, con que recomiendo que probéis Child of Eden sea como sea. Es una pena que en Xbox One no se pueda usar Kinect en los juegos que sí lo soportaban en Xbox 360, ya que si bien sigue siendo una auténtica maravilla con mando, la experiencia no es tan inmersiva ni mucho menos.

Fantasia: Music Evolved

Music-Evolved

Termino este trío de juegos musicales con la última obra de Harmonix para Kinect, y menuda forma de despedirse por todo lo alto. Basado en el clásico de animación de Disney, Fantasia: Music Evolved nos pone en la piel de un aprendiz de mago, que debe recuperar las partituras por los diferentes reinos para evitar que caigan en malas manos. La historia como os podréis imaginar es lo de menos, ya que aquí lo importante es la magia de toda la experiencia que podemos disfrutar en sus dos mecánicas principales.

Por un lado, explorar los escenarios interactuando con los diferentes elementos para crear melodías propias es bastante divertido y simpático, dejando una sonrisa en nuestra cara en todo momento. Sin embargo, la gracia está en ponernos con los diferentes temas a jugar, moviendo los brazos casi como si estuviéramos dirigiendo una orquesta, y siendo preciso a más no poder. Lo que eleva Fantasia a un nuevo nivel es la posibilidad de crear nuestros propios remixes de los temas, al escoger qué tipo de voz, guitarra o percusión suena, con incluso fragmentos creados por nosotros mismos. Esto hace que sea un juego musical realmente mágico y único que cualquiera debería probar, ya sea en Xbox 360 o en Xbox One.

Kinect Star Wars

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Esta no será una elección popular ni mucho menos, ya que Kinect Star Wars ha sido objeto de mofas, memes y críticas por todos lados. Ciertamente, el hype que había por cómo se anunció no iba a materializarse, y en ese sentido es cierto que no cumple con esas expectativas, pero me sigue pareciendo un juego tremendamente divertido, y uno de los juegos de Star Wars con los que más he disfrutado.

Por un lado, el modo historia era muy divertido, con unos controles bastante precisos como para hacernos sentir como auténticos Jedi mientras damos espadazos, usamos la Fuerza y nos enzarzamos en épicos duelos contra los Sith. Hasta las secciones de las naves funcionaban realmente bien. Luego estaban las carreras de vainas, un modo que perfectamente podría haber funcionado de manera independiente, y que era muy divertido, recordando al clásico Star Wars Racers de la era de Nintendo 64.

El modo de baile es cierto que era realmente estúpido, pero era tan absurdo que resultaba bueno, con versiones de canciones populares. Lo de “I’m Solo” es desternillante a más no poder, y al basarse en Dance Central, el modo funcionaba bastante bien. El único punto que quizá era mejorable era el modo de Rancor, que no era muy preciso, pero era entretenido cargarnos todo a nuestro paso. Así que, en general, era un título de lo más entretenido y que, personalmente, funcionaba bastante bien, pese a las críticas de que no llegaba a funcionar.

Fable: The Journey

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Todos los juegos anteriores se juegan de pie, y no están centrados en contar una gran historia, sino ofrecer diversión o una experiencia más o menos única. Este no es el caso de Fable: The Journey, el mayor intento de ofrecer un juego completamente narrativo de algo presupuesto para Kinect, y que personalmente, funcionaba de maravilla. Esta nueva historia en el universo de Fable nos ponía en la piel de un joven que iba en su caballo, y que podía lanzar todo tipo de hechizos para acabar con sus oponentes.

Por tanto, teníamos dos mecánicas muy diferentes. Por un lado, las secciones a caballo, donde teníamos que esquivar todo tipo de obstáculos o pararnos para encontrar secciones ocultas, controlando las riendas del carruaje con bastante precisión. Luego estaban las partes a pie, donde el juego se convertía en una especie de shooter on-rails, donde lanzar diferentes hechizos en función de los movimientos que hiciéramos con las manos, además de tener que apuntar para que dieran en el blanco.

Aunque también se criticó la falta de precisión, yo siempre lograba lanzar los hechizos que quería, con bastantes momentos muy interesantes y una historia atractiva que enganchaba. Todo esto hace que sea uno de mis juegos de Kinect favoritos, y es una lástima que no se intentaran muchos más AAA de este estilo para el dispositivo.

D4: Dark Dreams Don’t Die

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Seguimos con los juegos narrativos, esta vez en Xbox One y de la mano de los creadores de Deadly Premonition, lo que deja claro que nos vamos a encontrar ante una locura de campeonato. Y vaya si es así, ya que en esta aventura episódica (que por desgracia no se llegó a completar por las bajas ventas) nos adentrábamos en fragmentos del pasado para poder evitar el asesinato de la mujer del protagonista, metiéndonos en situaciones de lo más disparatadas, y al mismo tiempo, enigmáticas a medida que vamos buscando pistas sobre el asesino, del cual sólo sabemos que su nombre empieza por D.

Aunque se podía jugar a la aventura con mando, nuevamente es un título que ganaba bastante con Kinect, que además funcionaba de una manera muy precisa, notándose el salto al Kinect 2.0 de Xbox One. Si el protagonista hacía alguna acción de lo más disparatada, nosotros la teníamos que replicar (ojo, que también se jugaba sentados), ya sea moviendo los brazos rápidamente para simular que corremos, dar un puñetazo y cosas por el estilo. Esto hacía que nos metiéramos más en la loca acción que se nos presentaba en pantalla, siendo un juego realmente único y que no os deberíais perder. Quién sabe, quizá así en el futuro veremos su continuación para desentrañar el misterio y meternos de lleno en situaciones todavía más locas y absurdas.

Kinect Sports Rivals

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Aunque la saga Kinect Sports estuvo ligada al dispositivo desde su inicio, personalmente me quedo con la entrega de Xbox One por dos motivos muy diferentes. El primero es el creador de personajes, que funcionaba de manera brillante al escanearnos en muy poco tiempo, y creaba un avatar que se nos parecía bastante en cuanto a peinado, tono de piel, estructura facial y hasta detectaba si llevábamos gafas o no. Todo con el estilo artístico algo cartoon del juego, claro. Aunque luego se podía personalizar más a mano por si algo no estaba a nuestro gusto, este editor me parece de lo más espectacular que hay para Kinect. De hecho, el proceso de creación era divertido en sí mismo, al ir viendo cómo un montón de cubos replicaban nuestros movimientos corporales y hasta faciales en determinados momentos.

Luego está la parte del juego, que es una colección de minijuegos deportivos sin mucho misterio. Sin embargo, la gracia está en lo preciso que resultaba todo, ya que este nuevo Kinect podía detectar si cerrábamos la mano o no, lo cual se usaba por ejemplo en el minijuego de escalada. Esto me reventó la cabeza cuando lo probé por primera vez, y es el motivo por el que después de ver el juego en movimiento en la Gamescom fui de cabeza a por una Xbox One con Kinect. De nuevo, es una pena que toda esta tecnología no se usara en más juegos, ya que esta precisión era increíble, y el editor podría haberse empleado en títulos third party como Fallout o FIFA, lo que les daría un plus muy atractivo a las versiones de Xbox One respecto a la competencia.

Rise of Nightmares

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Esta inclusión no es tanto por la calidad del juego como tal, sino por la ambición que demostró SEGA con este survival horror para el primer Kinect en Xbox 360. En esencia, Rise of Nightmares era un survival horror en toda regla y sin ningún tipo de limitación, pero en vez de jugar con el mando, se controlaba con Kinect. Es cierto que el juego no funcionaba bien todo el tiempo, ya que a veces desplazarse por los escenarios podía costar un poco hasta que nos acostumbrábamos.

Sin embargo, una vez nos hacíamos con esta forma de jugar, la verdad es que se trataba de un survival horror de estos de serie B que a veces te hacen reír de lo absurdo que son, tan propios de la era de PSX y PS2. Puede no sonar atractivo para muchos, pero al hacerlo todo nosotros mismos, le daba un plus sobre cualquiera de estos juegos. Por ejemplo, golpear con un arma era mucho más satisfactorio al hacerlo nosotros mismos en vez de pulsar un botón y “disfrutar” de un combate muy tosco, mientras que en otros momentos, tocaba taparse los oídos para evitar ser aturdidos por un fuerte ruido o quedarnos totalmente inmóviles para que una especie de Némesis no nos destrozara. Así que lo dicho, no es el mejor juego de la lista ni por asomo, pero sí que quería mencionarlo dado lo ambicioso, y al final, divertido que resultaba pese a sus obvias carencias.

FRU

FRU

Quiero terminar el listado con el juego más reciente para Xbox One, además de ser el único título en hacer real la promesa de juntar el juego con mando y el uso de Kinect. Vale, no fue el primero, ya que existe Steel Battalion, pero al menos en FRU sí que lo hacen de una manera brillante. Que encima sea un juego independiente le da casi más méritos, al lograr algo que ni siquiera la propia Microsoft pudo en sus lanzamientos propios de Kinect.

FRU es un plataformas de puzles que a simple vista puede parecer muy simple. Controlamos a una niña con el mando que puede saltar, y nuestro objetivo es llevarla hasta la salida de cada pantalla. La gracia está en que nuestra silueta entra en el juego, y modifica el escenario de diferentes maneras. A veces unas plataformas sólo aparecerán si nuestra silueta está encima, mientras que otras veces desaparecerán. Al ir combinando esto con un diseño de niveles sencillamente brillante, un control con el mando muy sencillo para poder mover a la protagonista sin importar qué posición estemos haciendo con nuestro cuerpo. Porque al ser nosotros la herramienta clave para resolver los rompecabezas, hay un gran número de soluciones posibles, pudiendo hacer “trampas” al coger un objeto, o simplemente aprovechar nuestra agilidad sin necesidad de ayuda externa. Lo dicho, se trata de un juego brillante, y todo un imprescindible para los que tengan Kinect, al demostrar que todavía se podían hacer juegos divertidos y realmente únicos para este dispositivo.

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