Impresiones de Kingdom Come: Deliverance. El RPG de mazmorras sin dragones con mejor pinta

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Uno de los juegos a los que más ganas le tenía la pasada Gamescom era Kingdom Come: Deliverance, por lo que me resultó algo decepcionante ver el estado en el que el título estaba.  Afortunadamente, un año puede hacer maravillas en un juego, y este es un ejemplo muy claro de ello. Si el año pasado mostraron básicamente ideas y promesas, esta vez ya había un juego con muy buenas ideas y al que tengo muchísimas ganas de hincar el diente.

Lo primero que quisieron recalcar desde Warhorse Studios es el realismo del título. No estamos ante un juego de rol de fantasía, sino uno basado en la realidad, ambientándose en la República Checa durante el siglo XV, en pleno conflicto con los húngaros. Para el realismo, el combate es clave, y aquí han ido directamente a por todas.


No solo se tratará de un fuerte realismo por los tipos de armas que nos encontraremos, sino también por sus efectos y la forma de usarlas. Una espada contra una armadura pesada no será muy útil, ya que no podremos cortarla. Sin embargo, con una maza podremos hacer daño. Por tanto, es importante ver la armadura que tiene nuestro oponente, ya que como en la vida real, unas armas serán más efectivas que otras.

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A la hora de combatir, el espacio que nos rodea es también muy importante. Si estamos peleando en una zona estrecha, una lanza que requiere movimientos amplios puede convertirse en algo inútil. Si tenemos un arma más manejable, pero estamos pegados a la pared por el lado izquierdo, entonces solo podremos dar mandobles desde el lado derecho, lo que limita nuestros ataques, aunque lo mismo ocurre con el enemigo.

Todo esto nos lo mostraron en un vídeo, para luego pasar a una demostración en tiempo real. En la misión, el objetivo era reducir las defensas de un campamento húngaro antes de una gran batalla. Para hacerlo, había muchas formas. La primera que nos mostraron resultó terminar en fracaso, ya que consistía en infiltrarse como en un juego de sigilo, pero al tener una fuerte defensa, le descubrieron incluso antes de entrar. El combate es muy complicado cuando nos enfrentamos a más de un enemigo, por lo que el personaje acabó sucumbiendo.

Así que luego intentaron otro camino, usando para ello una táctica muy diferente: hacerse pasar por un húngaro. Para ello, eliminan a un guarda que estaba patrullando a lo lejos, y tras ocultar el cadáver, le robaron su uniforme. De esta forma, se pueden hacer pasar por un húngaro frente a los demás guardas. Cómo no, también es necesario hablar el húngaro, y aquí entran en juego las características de nuestro personaje. Como tenían el conocimiento del lenguaje muy avanzado, pudieron engañar al guarda de la puerta para que nos dejara pasar.

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Dentro del campamento se podía fastidiar a los húngaros de diversas formas, como envenenar la comida para que se sientan mal, o quemar las flechas para que los arqueros no tengan munición. Es importante recalcar que no todo afectará sí o sí al devenir de la batalla que se avecina, ya que igual nadie come del puchero que hemos modificado.

En el campamento aliado que estaba cerca del campamento húngaro, nos mostraron algo del combate cuerpo a cuerpo sin ningún tipo de armas. Como con el armamento, se han basado en técnicas reales para diseñar los movimientos, al usar más las palmas que los puños, ya que si pegas un puñetazo a una armadura lo más probable es que tú acabes sufriendo más que el que ha recibido el golpe.

Por desgracia, no llegaron a mostrarnos la batalla, pero comentaron algo que me pareció muy interesante: no tenemos por qué ganar para que avance la historia. De hecho, se puede perder la batalla (salvo que muera nuestro personaje, teniendo entonces que reiniciar la misión), que la historia avanzará de formas diferentes en función de si nuestro ejército gana o lo hace el de los húngaros. Al parecer, habrá muchos de estos momentos cumbres que afectarán a la narrativa, tanto por los resultados de nuestras acciones como por las decisiones que vayamos tomando, lo cual suena genial.

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Era bastante escéptico el año pasado, pero este año me han terminado vendiendo Kingdom Come: Deliverance. La forma tan abierta de afrontar las misiones me recuerda a Deus Ex, y con una ambientación tan cuidada, unos gráficos tan espectaculares y un realismo tan apabullante, estoy deseando ponerme ya la armadura para salir a explorar este peligroso reino. Lo malo es que nos tocará esperar al año que viene, cuando se pondrá a la venta para PC, PS4 y Xbox One.

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