Impresiones de Styx: Master of Shadows. Un goblin pequeñito que las mata callando

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Me encantan los juegos de sigilo, con que cualquier lanzamiento dentro del género me llama siempre la atención. Eso me ocurre con Styx: Master of Shadows, y tras probarlo en la Gamescom, le tengo más ganas aún, porque pinta bastante bien. En la feria alemana pude probar aproximadamente los primeros 15 minutos del juego, en una versión muy cercana a la final, ya que contaba con textos en castellano, pero tenía varios detalles gráficos por pulir (como eliminar varios parámetros que no se deberían de ver en un videojuego).

Aun así, esta primera toma de contacto me ha dejado con un buen sabor de boca por varios motivos.

El primero de ellos es el propio personaje principal, Styx, que es el último goblin que queda, y ya tiene 2 siglos, por lo que, como suele decir el dicho, ya ha vivido unas cuantas primaveras para aprender varios trucos. Su objetivo es adentrarse en la Torre de Akenash, donde hay un árbol mágico que le hará rico, y al mismo tiempo le desvelará sus orígenes ocultos.

Styx

Esa parte de la historia es más cliché que otra cosa, pero al menos, la personalidad de Styx destacaba a lo largo de estos minutos, soltando algún que otro chiste, siendo sarcástico y, en definitiva, reaccionando a todo lo que le iba pasando. Al principio, por motivos desconocidos, los guardas le han quitado sus armas, por lo que nos toca ir con total sigilo para recuperarlas, y poco a poco, ir ascendiendo por la torre para saber en qué situación nos hemos metido.

Esta parte sirve como tutorial, mostrando varias mecánicas claves. Por un lado, las de escalada, ya que Styx es bastante ágil, y se usa un sistema para escalar similar al visto en los Assassin’s Creed, pero sin ser tan automático. Esto hace que navegar por el escenario sea bastante rápido. Luego, cuando te encuentras con los primeros enemigos, al no tener la daga, toca ir en la oscuridad y aprovechar el pequeño tamaño de nuestro protagonista para movernos por salas llenas de guardas yendo bajo las mesas.

Styx

Luego ya por fin se consiguen las dagas, lo que nos permite atacar por la espalda a los guardas. Esto es muy importante, ya que, para empezar, los guardias son más grandes que nosotros, y por tanto, bastante más poderosos. Incluso en el combate que te hacen pasar de prueba tiene que ser contra solo un enemigo, ya que las peleas se basan en tener un timing bastante bueno, o lo pasaremos muy mal desviando los ataques y luego usando nuestras cuchillas para asestar el golpe final.

Ya las siguientes zonas, aunque siguen siendo algo de tutorial, nos van dando más libertad, teniendo ya que ir con más cuidado y usar las sombras. Si no hay, pues apagamos las antorchas de los escenarios para crear nuestras propias zonas oscuras. Luego, si matamos a alguien, es importante ocultar sus cadáveres, ya que no nos convendría que saltara la alarma en este momento.

Más adelante obtenemos una nueva habilidad, que nos permite arrojar arena a las antorchas para apagarlas a distancia, lo cual crea nuevas posibilidades tácticas para ir evitando a los guardas.

Styx

Por desgracia, no pude jugar mucho más tiempo al juego, por lo que me quedé en una zona donde había que ir rodeando una habitación en la que había varios guardias patrullando, teniendo que cuadrar nuestros movimientos para que no nos vieran. Al ir deprisa, me vieron, y eran solo dos guardas, pero lograron acabar conmigo. Eso es una muestra que vamos a estar ante un título donde el sigilo va a ser clave, y eso me encanta.

No creo que Styx: Master of Shadows vaya a reinventar el género o dejar a todo el mundo con la boca abierta, pero la verdad es que parece que va a ofrecer bastante diversión a los fans del sigilo una vez salga a la venta este próximo mes de octubre en PC, PS4 y Xbox One.

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