Impresiones de Lords of the Fallen. Todo un Dark Souls para la nueva generación

Lords of the Fallen

Morir, morir, morir y morir. Eso resume un poco mi experiencia con Lords of the Fallen esta pasada Gamescom, y es que los desarrolladores de Deck13 Interactive nunca habían negado inspirarse en Dark Souls parar crear este juego, pero tras probarlo, es más que evidente.

La demo es en teoría muy cortita: un combate en un puente contra un enemigo, otro combate tras el puente y un jefe final. Suena sencillo, ya que solo son tres enemigos, pero de fácil no tiene nada. Ya el primer enemigo nos puede poner las cosas muy difíciles como nos descuidemos, ya que de dos o tres golpes nos pueden haber quitado casi toda la vida, por lo que hay que tener reflejos, aprenderse los patrones de ataque y saber superarnos a nosotros mismos.

Este ya era un punto avanzado en la historia, por lo que el personaje tenía un nivel alto. Esperan que el título tenga una curva de dificultad para que haga sudar al jugador, pero no para que lo frustre.

Lords of the Fallen

Antes de empezar con la tortura de morir tantas veces, podíamos escoger a tres estilos de personaje, ya que lo habían evolucionado de formas muy diferentes. Por un lado está el equilibrado, que tiene una buena pegada, pero no por ello ha perdido demasiada movilidad. El rápido, que no hace mucho daño, pero sí lo hace de forma veloz. Y luego el tanque, que se mueve de milagro pero hace un daño enorme.

Preferí jugar de forma equilibrada, y el sistema de control me gustó mucho: los botones superiores derechos son las acciones con la mano derecha del personaje, y con la izquierda, igual. Cambiar de arma o de hechizo en mitad del combate es muy rápido, siendo muy útil experimentar con varios estilos hasta ver con cuál logramos derrotar a algún enemigo.

En ese sentido, es una delicia que el juego nos haga sudar, ya que cada enemigo de la demo tiene un estilo de lucha diferente al anterior. Así que con cada nuevo enemigo volvíamos al mismo proceso de morir, aprender y luego vencer. Bueno, con todos no, ya que no fui capaz de superar al jefe final después de estos dos monstruos.

Lords of the Fallen

Este “bichejo” tenía varios ataques muy distintivos, y se podía encontrar una pequeña brecha en su defensa para atacarle. El problema está en cuando te confías y le quieres golpear más de una vez, que entonces te llevas un buen golpe, y el jefe a las primeras de cambio te puede matar.

Algunos de sus ataques eran físicos, con sus dos espadones, otros eran de carga, por lo que ni lejos estábamos a salvo, y en otros invocaba llamas de fuego de las hogueras que rodeaban la zona, teniendo que rodar en el momento en el que se cruzaran, o evitaríamos unas para que nos dieran otras.

Lo bueno es que había un punto de control justo antes de este combate, por lo que no se tenía que repetir todo desde el principio, y cada vez veías cómo le ibas dejando al jefe con menos y menos vida. Pero lo dicho, en la media hora que estuve jugando no me dio tiempo a derrotarle, pero no por falta de ganas, sino por falta de tiempo. Y es que es de esos juegos que te pican y dices “solo un intento más”, y te puedes tirar así horas.

Lords of the Fallen

Además de esta desafiante jugabilidad (que de nuevo, bebe mucho de Dark Souls, como al usar la barra de resistencia y demás), tiene detalles muy interesantes, como que para tomarse las pociones veamos la animación de sacar el frasco y beberla (lo que nos pone también en más de un problema al no ser algo instantáneo, todo hay que decirlo), el genial efecto de la nieve o lo bien que están todos los detalles técnicos del juego.

Lords of the Fallen me ha dejado con ganas de más. Reconozco que no he jugado a un Dark Souls todavía, pero ahora quiero ponerme a practicar, a sufrir y a estar listo para cuando este título llegue a las tiendas el 31 de octubre, estar bien preparado, porque tiene toda la pinta de que vamos a estar ante un RPG de lo más interesante.

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