Impresiones de Assassin’s Creed IV: Black Flag. Más de lo mismo, pero mejor y en forma pirata

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Uno de los juegos que más acaparó las miradas de la Gamescom 2013 fue Assassin’s Creed IV: Black Flag, y es que todos siempre nos hemos querido sentir como unos auténticos marineros que surcaban el caribe en busca de aventuras y grandes tesoros. Aunque en la demo que estaba disponible para probar en su versión de Playstation 4 no se podía ir tan lejos, al menos sí que se podían tomar barcos y asaltar un fuerte, ya que era la misma demostración que se enseñó en la conferencia de Sony para dar el do de pecho con el “Remote Play” entre PS Vita y Playstation 4.

Las sensaciones a la hora de jugar son muy similares a las que cualquiera puede tener con Assassin’s Creed III: no hay demasiados cambios, pero todo parece ser bastante mejor. Buena parte de la demo tiene lugar en el mar, donde se notan más las mejoras que en ningún otro apartado. Ahora es más sencillo apuntar desde diferentes partes del barco y usar los diferentes tipos de munición, además de que gracias al poder de la next-gen se puede apreciar mejor que nunca el movimiento del mar, que nos puede beneficiar y perjudicar a partes iguales. Eso por no mencionar el ver pequeños grandes detalles como parte del agua que se nos eche encima y se quede durante un poco de tiempo en la proa de nuestro navío.

Assassin's Creed IV

También es importante destacar que los enemigos trabajan de una forma más coordinada a la hora de atacarnos, sin ir cada uno por libre, sino intentando rodearnos para hacernos daño por los dos lados del barco, lo que claramente nos pone en serios aprietos. Esto está muy bien, pero lo que más disfruté fue el abordaje de uno de los barcos una vez destruí su mástil. El poder iniciarlo desde cualquier perspectiva y lado del barco es toda una mejora, alejándonos así de lo artificial y monótono que resultaba en la anterior entrega, dándonos un buen abanico de posibilidades como usar un pequeño cañón para matar a la tripulación enemiga, acercarnos por los mástiles o incluso de forma algo más sigilosa desde el mar.

En la demo no se podía bucear ni nada por el estilo, pero es una buena señal de que Ubisoft realmente se ha puesto las pilas y ha visto que esta parte fue la que, de lejos, más gustó de las aventuras de Connor, por lo que experimentar una batalla naval mucho más natural, fluida e intensa era una auténtica delicia.

Al entrar ya en el fuerte para acabar con nuestro objetivo templario, las buenas impresiones se fueron apagando, ya que no hay grandes mejorías en lo que se refiere al combate o la exploración, con muchas animaciones y acciones totalmente recicladas. Vale, resulta más impresionante usar las habilidades acrobáticas de Edward en mitad de un asedio a un fuerte que para cazar de forma aburrida a un oso, por ejemplo, pero eso no quita que sea todo extremadamente familiar.

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Con el combate pasa más o menos lo mismo, ya que a pesar de que podamos llevar dos espadas al mismo tiempo, los contraataques, ataques y demás acciones se desarrollan de la misma forma. Y como que los enemigos siguen esperando bastante a atacar de uno en uno, aunque al menos de forma más seguida que antes.

Lo mejor está a la hora de usar las armas de fuego, pudiendo entrar en un modo de puntería completamente libre casi como en un shooter en tercera persona, lo que nos da mucha mayor precisión a la hora de realizar los disparos y acertar justamente en la parte del enemigo que nosotros queramos.

Así que en la parte de las peleas, las cosas siguen más o menos igual. A los generales y capitanes no basta sólo con machacar el botón de ataque, sino que hay que dar alguna patada para romper su defensa y luego ir a la ofensiva, mientras que con la mayoría, con esperar a realizar el (brutal) contraataque, estaremos servidos. Pero teniendo en cuenta cómo la franquicia busca más el espectáculo visual que una jugabilidad realmente complicada, este enfoque le ha ido funcionando desde siempre, por lo que lo seguirá haciendo también en esta entrega. Eso sí, espero que aprovechen la mecánica pirata y haya duelos de uno contra uno sobre una tabla o algo, ya que seguro que más de uno tiene esa imagen de estos bucaneros.

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Gráficamente, se puede notar cómo la nueva generación le sienta genial a la franquicia, ofreciendo más personajes en pantalla y escenarios más detallados que nunca sin ninguna ralentización o cortar severamente la distancia de dibujado del horizonte. Además, otros detalles menores como el mojado en la ropa de Edward se aprecia mucho más, lo cual es de agradecer al saber que pasaremos tanto tiempo entre mares en esta entrega.

En definitiva, Assassin’s Creed IV: Black Flag me ha gustado bastante en esta primera toma de contacto, pero las cosas como son: jugablemente va a ser muy similar a lo que nos encontramos en la entrega anterior. Sí, van a potenciar lo mejor, que fueron de lejos las batallas navales, y eso es lo que más va a beneficiar al juego, pero por lo demás, seguiremos ante la técnica del “si no está roto, ¿para qué cambiarlo?”.

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